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¿Empresarios Pesimistas?

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En su reciente columna “El panorama de Ricitos de Oro” en La República de julio 23, Luis Guillermo Vélez la emprende contra algunos empresarios no identificados, acusándolos de querer generar un pánico colectivo por su pesimismo con respecto a la situación económica y social del país. Recalca en su columna que estos empresarios deberían tener en cuenta que las profecías de catástrofe tienen una desagradable tendencia a auto cumplirse, insinuando que el pesimismo de un grupo de empresarios con respecto a la situación del país puede ser el catalizador para que la situación se deteriore.

Son varias las conclusiones contradictorias a las cuales se podría llegar bajo esta óptica en situaciones similares. Por ejemplo podríamos concluir que los empresarios venezolanos fueron los causantes de la devaluación del bolívar y de la difícil situación económica que allá se vive, por tomar una postura negativa con respecto a las perspectivas económicas de la hermana república. O podrían terminar los empresarios griegos siendo los responsables del déficit fiscal del país heleno que lo llevó a la quiebra, porque además de manifestar en cócteles sus reservas con respecto al futuro económico de su país, están protegiendo su capital por medio de la diversificación de sus inversiones en el extranjero. 

La realidad de la situación actual es que los empresarios no asumen posturas sobre el futuro de la economía del país con el fin de pegarse un tiro en el pie sino que toman sus decisiones con el fin de maximizar su patrimonio y el de sus accionistas. Estas son las normas del juego y los comportamientos que se observan en la clase empresarial de  cualquier país del mundo donde opera una economía  de mercado. Por medio de sus acciones, de manera transparente, identifican los factores que afectarán sus negocios a futuro y trasladan sus fondos a los sectores económicos y geografías que les generen mayor rentabilidad. Aquí no hay intenciones ocultas ni profecías auto cumplidas sino opiniones respaldadas en análisis rigurosos con las que comprometen su patrimonio. 

Los accionistas no le perdonarían a los empresarios bajo ninguna circunstancia que, como sugerido en la columna, empleen la estrategia del avestruz, que al enfrentarse a escenarios de riesgo como la presencia de depredadores, hunde su cabeza en la arena con la ilusión de que ignorando el problema, desaparezca.

Actualmente Colombia está expuesta, como muchos otros países, a choques externos que están fuera de su control por la caída de los precios de los commodities, al tiempo que su base industrial está desactualizada a raíz de doce años de revaluación. Si bien esta situación tiene solución a largo plazo, la realidad es que en dólares el patrimonio de los empresarios y de todos los colombianos vale hoy un tercio menos de lo que valía hace un año, y en esta moneda está denominada gran parte de la deuda externa del país.  

Ante tales movimientos en el entorno global es temerario afirmar que los empresarios colombianos tienen un rol o alguna responsabilidad significativa con respecto a las perspectivas económicas y sociales del país. Lo que sí tienen claro es que los riesgos no están bajo el control de los colombianos ni de su gobierno, que no juega un papel preponderante en la geopolítica mundial, y que por lo tanto no es sensato dejar de evaluar todos los escenarios posibles a futuro. En ocasiones un empresario pesimista puede resultar siendo un empresario optimista bien informado.
 

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