Empresas Públicas de Medellín se encuentra en el que puede ser uno de los momentos más cruciales de su historia. La crisis de Hidroituango está generando necesidades de caja en los próximos tres años que le obligan a reconformar su portafolio, atribuciones que sensatamente le dio el Concejo de Medellín a sus directivas.

Por el retraso en la entrada en operación de la futura central EPM dejará de percibir ingresos importantes hasta finales del año 2021, cuando se espera que las primeras turbinas de Ituango empiecen a generar la energía que tanto necesita el país. De acuerdo con análisis preliminares, el valor considerado para la recuperación de la obra sería de hasta $2 billones. Adicionalmente, se han ocasionado costos adicionales de $1 billón derivados de la contingencia. Todos estos faltantes implican que EPM deberá vender parte de sus activos para no permitir que sus índices de endeudamiento afecten su calificación de crédito.

Entre los activos a vender, aprobados por el Concejo, está la participación minoritaria de 10,17% que tiene en Interconexión Eléctrica S.A. (ISA) y otras participaciones similares en Promioriente, Gas Natural del Oriente, Terpel, Corporación Financiera Colombiana, Bbva, Davivienda y Acerías Paz del Río. Con estos y los activos chilenos Aguas de Antofagasta y el Parque Eólico Los Cururos, ya vendido por US$138 millones, EPM pretende recaudar $ 4 billones.
Sin embargo, en la aprobación de la venta del Concejo a EPM no se consideró la enajenación del activo más lógico, la participación en UNE, cuyo portafolio de servicios se aleja de la naturaleza de la joya de la corona antioqueña.

La empresa de telecomunicaciones no solo es una inversión de portafolio para EPM, después de que Millicom pagó US$150 millones por tener su control en una transacción que le representó para EPM alrededor de US$900 millones en caja, sino que está en un mercado en competencia en donde su régimen contractual y laboral es privado y no público.

La situación de EPM a pesar de la contingencia de Hidroituango, ocasionada según los estudios técnicos contratados por la empresa por eventos externos poco previsibles, es dentro de todo menos compleja que la de UNE. Telefónica, su par europea, reconociendo la complicada realidad de los mercados en Latinoamérica, acaba de decidir vender sus operaciones en la región con la excepción de la de Brasil. Por algo será.

Seguramente la participación en UNE, si se mide en dólares, no se puede enajenar hoy con el mismo éxito de la transacción inicial, donde el múltiplo Ebitda que pagó Millicom fue superior a ocho. Adicionalmente, el Ebitda comparable de la operación no ha crecido desde el 2014 por los grandes retos del mercado y el entorno competitivo. Sería insensato desconocer que el clima de inversión del país y la región se ha deteriorado, lo que afecta los múltiplos de valoración.

La situación del mercado de telecomunicaciones, si se lee entre líneas las intenciones de Telefónica, no va a tender a mejorar y por lo tanto es poco probable que el valor de UNE aumente en el futuro. En consecuencia, a pesar de que EPM no tiene aún la autorización de negociar su participación, debería explorar este camino seriamente.

Con el fin de que los lectores pongan en contexto esta columna aclaro, que, como presidente de UNE, participé activamente en la transacción de fusión del 2014.