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Colombia, ¿cómo vamos?

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Últimamente se lee en negrilla en los medios colombianos que el país seguirá sosteniendo su crecimiento económico por encima de las demás naciones de Latinoamérica, con tasas por encima de 2,5%, con una actitud complaciente que tácitamente infiere que no lo estamos haciendo tan mal si a los otros les está yendo peor. Esta actitud, filosóficamente errada, tiene además una falencia mayor común entre los economistas politizados de centrarse en los indicadores a los que más se acomoda la realidad a su ideario.

Bajo esta perspectiva, si bien Colombia presentó un crecimiento anual promedio significativo de 4,82% en su producto interno bruto de 2010 a 2014, en Suramérica, Uruguay, Ecuador, Bolivia, Perú y Paraguay crecieron más que Colombia, con el agravante que muchos de ellos no estuvieron beneficiados por la bonanza de precios de los bienes básicos o commodities.

Los demás países de Suramérica como Venezuela, Brasil, Argentina y Chile, que crecieron a ritmos menores que Colombia, tienen un PIB per cápita significativamente superior que el colombiano. Un venezolano promedio produce 2,14 veces más que un colombiano; un argentino, 1,67 veces; un chileno, 1,88 veces; y un brasileño, 1,5 veces. Para llegar al nivel de ingresos promedio de los venezolanos, Colombia tendría que crecer, óigase bien, 16 años a su tasa promedio de los últimos cuatro años sin que Venezuela crezca.

Como si esto fuera poco, la generación de riqueza en el país se encuentra altamente concentrada en unos pocos privilegiados. Según el Banco Mundial, Colombia presenta el índice Gini, que mide la desigualdad en la distribución del ingreso, más alto de la región, seguido por Brasil y Chile que tienen ingresos per cápita muy superiores a Colombia. La realidad reflejada en el índice Gini se complementa con las cifras de desempleo en que Colombia, a 2014, tenía las más altas de la región seguidas de lejos por Venezuela y Argentina.

En otras palabras, Colombia tuvo crecimientos promedio en generación de valor en los últimos cuatro años y además estamos en la cola del lote en el Producto Interno Bruto per cápita, donde solo superamos a Paraguay, Bolivia, Perú y Ecuador. Y la riqueza que genera el país es la que más inequitativamente se distribuye en la región, con los niveles de desempleo más altos.

Necio sería asegurar que las estadísticas mencionadas son responsabilidad exclusiva del actual Gobierno, ya que esta situación ha estado presente por varias décadas. Sin embargo, es claro que teniendo políticas similares a las del pasado y haciendo las cosas de la misma forma lograremos el mismo tipo de resultados. Colombia necesita de un salto cuántico en sus políticas de desarrollo que le permita cambiar su desempeño económico radicalmente y no solo de modificaciones incrementales en su política fiscal o monetaria, que si bien permiten suavizar los ciclos de crecimiento, no tienen un impacto significativo en el desarrollo a largo plazo.

Como en cualquier negocio, un país requiere para progresar de un plan de desarrollo, personal apropiado y capital de trabajo. Colombia cuenta con disponibilidad de fuerza laboral de ética de trabajo alta. Si se permite que los técnicos construyan un plan de desarrollo creíble y ese plan se sigue con el fin de generar crecimiento para el país y sus clases menos privilegiadas y no de mantener un partido o facción política en el poder, la inversión en capital de trabajo llegará y de pronto, ahí sí, salgamos del letargo económico que sufrimos. 

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