Analistas

Bogotá por la senda correcta

Bogotá va bien desde que asumió el alcalde Peñalosa. El orden y el rigor en la planeación empiezan a dar sus frutos. A pesar de que la población no reconoce aún los avances, no falta mucho tiempo para que la ejecución gerencial en la administración de la ciudad sea visible para todo el mundo, respaldando la popularidad del burgomaestre.

Y es que doce años de mal gobierno no se solucionan fácilmente. Las finanzas estatales que recibió el Alcalde dejaban mucho que desear, desde una empresa de acueducto politizada y llena de supernumerarios que la llevaron a perder su rentabilidad, hasta una ETB con inversiones multimillonarias que no tienen retorno (la ejecución de ventas del plan de fibra óptica apenas está en 5% de lo presupuestado). La malla vial se entregó en estado de franco deterioro y Petro se empeñó en tomar todas las medidas necesarias en el último tramo de su mandato para dificultar la labor del nuevo alcalde.

Por otro lado, el estado de las finanzas de las demás empresas de Bogotá tampoco fue el mejor. Transmilenio, empresa del distrito, se entregó al alcalde Peñalosa con graves pérdidas por las medidas populistas tomadas por el Partido Progresista de disminuir las tarifas sin optimizar operativamente el sistema. Los buses azules del Sistema Integrado de Transporte Público circulaban vacíos debido a la falta de capilaridad en su cobertura, haciendo que los bogotanos tuvieran que caminar largas distancias por la falta de planeación.  Así mismo, la ciudad sigue expuesta a enormes demandas de parte de los operadores a los que Petro les expropió buses antiguos sin sustento legal, haciéndoles un favor a costillas del presupuesto distrital que le corresponde al nuevo alcalde.

Urbanísticamente la ciudad entregada por la izquierda también era un caos. Las políticas de permitir solo la construcción en altura, con altas cargas para los constructores que el distrito no reinvirtió en las obras necesarias para proveer los servicios públicos y la movilidad a los nuevos habitantes de estos inmuebles, incrementaron el valor de la tierra y expulsaron a los menos favorecidos hacia los municipios circundantes, incrementando los recorridos de transporte y afectando negativamente el nivel de vida de los ciudadanos.

Hoy en día, la administración distrital ha tomado medidas que dejan entrever una luz al final del camino. Se redistribuyeron las rutas de Transmilenio y el Sitp conteniendo el problema de ineficiencia y se llevaron las empresas a punto de equilibrio. Los baches de la ciudad se han ido reparando sin la máquina tapa huecos, ayudando a que fluya un poco mejor el tráfico. Se nombró un equipo directivo de primer nivel en el acueducto que está tomando control de la empresa y enfocándola hacia la rentabilidad. Así mismo se ha iniciado el camino hacia una eventual consecución de un socio que haga viable la ETB a futuro.

Para expandir la ciudad, el equipo de planeación del distrito estructuró un plan para desarrollar de manera organizada una ampliación del tamaño de Manizales entre la calle 180 y la 245 y entre la carrera 7 y la avenida Boyacá, que incluye parques lineales y una recuperación de los humedales de Torca intervenidos en 1956 al construirse la Autopista Norte. En este plan, 40% de la vivienda será de interés social o prioritario. A la hora de la verdad las administraciones profesionales y eficientes terminan haciendo más para los menos favorecidos que las administraciones de izquierda.