viernes, 17 de julio de 2020

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La esencia de un gobernante es resolver problemas. La vida de un dirigente es resolver problemas. La Tarea más común de un líder es resolver problemas. Lo peor que le puede pasar a una sociedad es que los problemas perturben al líder. Cuando un gobernante recibe un problema, su actitud debe ser de alegría porque le llegó trabajito.

Un gobernante que se asuste ante los problemas no merece el título de líder. Al gobernante que lo descompongan los problemas indica que no estaba preparado para gobernar. Lo que hace grande a un ser humano es el tamaño de los problemas que resuelve. Problemas grandes líderes gigantes. Problemas pequeños líderes enanos. Un líder es del tamaño de los problemas que es capaz de resolver. Los problemas son una bendición; nos ayudan a crecer; nos hacen poner en funcionamiento la inteligencia, la creatividad y la imaginación. Los problemas nos ayudan a esforzarnos más. Somos mejores porque tenemos problemas.

La primera virtud de un líder es ser capaz de hacer estremecer los problemas, ser un solucionador de problemas. El líder tiene que ser el enemigo más temido para los problemas. Los problemas son el examen permanente al dirigente para ver si si se merece ese título.

El líder tiene que ser capaz de ver el cambio desde su primer brote, descifrarlo y enfrentarlo. Un líder con resistencia a lo nuevo o a lo que no conoce, no es un líder. Todo gobernante debe ser capaz de hacer una lectura creativa e inspiradora de cada realidad. No de la realidad como un fósil, sino como algo que se mueve, que cambia, y se debe transformar.

La meta del líder es modificar la realidad. Un gobernante no se nombra para engordar eternamente el presente.

En el fondo de la crisis siempre hay una dolorosa tragedia humana, pero el dirigente no puede permitir que las lágrimas le empañen la visión, que el pánico lo vuelva frágil o lo destruya. El líder que se empequeñece ante un problema, no es un dirigente, es un dirigido por sus propios miedos.

Gobernante que odie los problemas jamás será exitoso.

Nunca antes en la historia habían sido tan importantes los líderes visionarios, con propuestas, con soluciones a los problemas, más allá de contar defunciones y enfermos. Los dirigentes no pueden estar en el duelo de la noche, sino en la esperanza del amanecer.

Nunca, nadie se ha arrepentido de ser optimista. La gente, los gobernantes, los dirigentes de todas las áreas nunca pueden perder el optimismo, porque detrás de cada crisis algo bello siempre se esconde.