Analistas 10/09/2020

¿Importa más el petróleo o el agua?

¿Es más importante el petróleo o el agua? Ustedes me dirán que es un falso dilema, tan absurdo como preguntar si es más valioso el estómago, el cerebro o el corazón. En México no hay dilema, porque hemos resuelto que es mucho más importante el petróleo. Eso está claro en los presupuestos. Pemex recibió un incremento de 8% para 2020. Conagua sufrió una reducción de 4%. Más allá de la variación interanual, basta con decir que el presupuesto de Conagua es equivalente a una vigésima parte del asignado a Pemex, que las pérdidas del primer trimestre de la petrolera equivalen a 25 años del presupuesto de Conagua.

El problema no es de hoy ni comenzó con la Cuarta Transformación (4T), pero en 2020 tomó otra dimensión por el coronavirus. Lavarse las manos constantemente es fundamental para prevenir contagios y para evitar la propagación de la pandemia, pero resulta una tarea muy complicada para millones de personas. De los 32 millones de hogares que existen en el territorio mexicano, en una tercera parte no hay acceso confiable al agua potable. En 10,4 millones no hay suministro diario de agua. En dos millones de hogares de México, no se recibe agua por tubería. En ellos viven aproximadamente 8,5 millones de personas.

México carece de la infraestructura para dotar a toda su población de agua potable, también sufre por la ausencia de una cultura de uso adecuado, en lo público y en lo privado. De los 635 acuíferos que hay en México, alrededor de 105 están sobrexplotados, de acuerdo con cifras de Conagua correspondientes a 2018. En promedio, tenemos un consumo de 322 litros diarios por persona, pero 40% de esta cantidad se pierde. La mayoría tiene que ver con fugas en las tuberías, aunque el desperdicio y mal uso no es despreciable.

En materia de inversión pública, México no ha hecho un esfuerzo proporcional a su circunstancia. Un informe de México Evalúa indica que de cada 100 pesos de inversión en infraestructura, apenas 43 centavos corresponden a proyectos relacionados con agua. Esto explica, hasta cierto punto, por qué 8,4% de nuestra población no tiene acceso a agua potable y 9,8% no lo tiene para el caso de saneamiento. Este porcentaje se ha mantenido casi sin cambios desde 2005.

La mayoría de las personas que no tienen acceso al agua potable se encuentra en zonas rurales, pero el problema es muy agudo en las zonas marginadas de las grandes ciudades. El problema de acceso al agua potable va, por supuesto, mucho más allá del combate y prevención del coronavirus. Un informe realizado por la Fundación Sanitation and Water for all enfatiza una serie de ganancias en calidad de vida asociadas al acceso a agua limpia y drenaje. Entre las más importantes, se encuentra un incremento en la asistencia a las escuelas por parte de los niños y niñas; mayor privacidad para las mujeres y mayor seguridad para mujeres y personas mayores. Dicho estudio, llamado Un Manual para los Ministros de Finanzas, calcula que la rentabilidad social de los proyectos de agua potable y drenaje es de US$4 por cada uno que se invierte.

¿Cómo le irá al agua en el presupuesto de 2021? Podemos apostar que peor que a Pemex y, seguramente, no tan bien como a los proyectos emblemáticos del presidente: el aeropuerto, la refinería, el Tren Maya y el canal transístmico. No hay un lugar relevante para el agua en la 4T, como no lo hubo en los tres sexenios anteriores. Esto importa porque parece que estamos esperando un milagro. No reponemos a las cuencas el agua que consumimos. Estamos condenados a tener cada vez más sequías y problemas de abasto seguro de agua. Somos el segundo país con mayor estrés hídrico de América. ¿A alguien le importa?