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Por favor no escuchen a Greta

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Luis Guillermo Vélez Cabrera

Dejemos las cosas claras: el cambio climático es una realidad, es producido por el hombre, se está acelerando y su impacto es devastador. Dicho lo anterior, por favor no escuchen a Greta. Me refiero a Greta Thunberg, una activista adolescente que fundó la “Huelga Escolar por el Clima” y quien recientemente cruzó el Atlántico en un velero para llevar su campaña en contra del calentamiento global a las Naciones Unidas.

No me entiendan mal, Greta es una buena niña. Ha decidido convertirse en vegana y se rehúsa a volar en avión, todo con el fin de aliviar su huella de carbono sobre el planeta. Debido tal vez a sus problemas de salud mental (ha sido diagnosticada con síndrome de Aspergers, desorden obsesivo compulsivo y mutismo selectivo) su activismo ambiental es bastante original: se dirige a los colegiales de su generación con panfletos que dicen cosas como “hago esto porque los adultos se están cagando en tu futuro”. Y razón no le falta. Hasta ahora nuestra generación no ha hecho lo suficiente para afrontar el calentamiento global y serán nuestros hijos los que paguen los platos rotos.

El problema de Greta, sin embargo, no es que se equivoque en el diagnóstico o en la urgencia, sino en las soluciones que propone. En su discurso al llegar a Nueva York, Greta regañó a los líderes mundiales presentes en la Cumbre del Clima recordándoles que “estamos al inicio de una extinción masiva” y que lo único que hacen es hablar “de dinero y de cuentos de hadas sobre un crecimiento económico eterno”.

Quizás Greta ha perdido muchos días de colegio por estar en huelga por el clima y no sepa que el crecimiento económico es la mejor manera de combatir el cambio climático. Está demostrado que cuando el PIB per cápita de un país llega a los US$5.000 a la gente le empieza a importar lo que pasa con el medio ambiente. Antes de eso está demasiado preocupada con sobrevivir. Por eso cocinan con leña, comen proteína animal, se calientan con carbón, se movilizan en vehículos viejos, no tienen alcantarillado y usan recipientes plásticos para conservar líquidos. Quienes ya tienen resueltas estas necesidades básicas, como ocurren en Suecia, la tierra de Greta, pueden darse el lujo de ser veganos, de conducir vehículos eléctricos, de usar paneles solares y de tomar agua de la llave en vasos de cristal.

Es con un capitalismo socialmente responsable, con su inmensa capacidad para innovar y para arbitrar recursos, como lograremos mitigar el cambio climático. O, dicho de otra forma: lo que se necesita es precisamente mucho dinero para invertir en tecnologías limpias, que sustituyan a las actuales tecnologías contaminantes. Y más crecimiento económico para sacar a miles de millones de personas de la pobreza.

No será volviendo al siglo XVII, navegando a vela, tejiendo nuestra propia ropa y comiendo acelgas hervidas como vamos a reducir las emisiones. Será entrando al siglo XXI y usando nuestra capacidad para crear e idear soluciones como lograremos afrontar este gravísimo problema.

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