Analistas 15/04/2020

Médicos en bolsas de basura

Hace unos días el senador Jorge Robledo posteó en su cuenta de Twitter una foto de trabajadores de la salud en una sala de urgencias cubiertos con bolsas de basura, acompañada de una nota con el siguiente texto: “mientras se embolsillan en exceso, despilfarran y roban la plata de la salud que pagamos los colombianos, entre bolsas de plástico se intentan proteger los trabajadores de la salud”.

El trino del senador Robledo fue muy difundido entre sus 1.185.172 seguidores, muchos de los cuales celebraron esta prueba reina del carácter inhumano del sistema de salud nacional, que osaba poner la plata por encima de la vida, no solo de los colombianos, sino de sus propios trabajadores. Sin embargo, la celebración duro poco. Duró hasta que un seguidor reparó en un pequeño detalle: que la foto no había sido en tomada en Colombia sino en España y que los trabajadores de la salud que allí aparecían retratados era médicos y enfermeras españoles.

Obviamente, para Robledo y los suyos los hechos nunca han sido un obstáculo: cuando estos riñen con la ideología, triunfa la ideología. Al momento de escribir estas líneas el trino sigue, como el dinosaurio, allí, sin que su autor tenga la más mínima intención de borrarlo, asumiendo, supongo, que no importa si la foto es de un hospital en España, Guatemala o Hong Kong porque el rigor ideológico dispone que un sistema de salud público-privado, como el colombiano, no puede por definición funcionar bien y que los trabajadores del mismo tienen que estar vestidos en bolsas de plástico porque los capitalistas salvajes así lo exigen.

Como los fanáticos religiosos en la Edad Media, que esperaban la destrucción de la tierra para confirmar la existencia de Dios, la izquierda colombiana espera con ansias que el sistema de salud colombiano colapse para confirmar que siempre fue un engendro neoliberal que pone la plata por encima de las personas.

Se quedarán esperando. El sistema colombiano, como lo hemos dicho varias veces en esta columna, es de los mejores del mundo. El número de camas hospitalarias, el número de UCI y la calidad excepcional del personal sanitario es superior al de sus pares en la región.

Donde persisten las principales fallas es en la parte pública del sistema. Los hospitales públicos han sido el botín de políticos y sindicatos durante años, como lo demuestran el San Francisco de Asís en Quibdó, el Federico Lleras en Ibagué y el San Juan de Dios. Su crisis (no sería raro ver enfermeras cubiertas con bolsas de basura allí) debe ser una advertencia de lo que sería un sistema estatal como el que propone Petro, Robledo y los demás camaradas.

La insistencia de los gobiernos en proteger esta red pública desincentivó la inversión privada en cobertura hospitalaria en las regiones. Más que una falla de mercado, estamos es ante una falla de gobierno: por darle gusto a los políticos que querían proteger su botín, se le dio respiración artificial a la porción pública del sistema que siempre ha sido la más corrupta y las más ineficiente.