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Los problemas de verdad

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Luis Guillermo Vélez Cabrera

Al igual que los bizantinos discutiendo cuántos ángeles podían bailar en la cabeza de un alfiler, el país lleva meses dando vueltas alrededor de tres noticias: Santrich, Arias y la JEP. Tretabites de información en redes sociales, toneladas de papel, centenares de kilos de tinta y horas enteras de televisión se han gastado analizando estos temas que son, en últimas, pies de página de la historia.

Para salir de la discusión sobre Santrich-Arias-JEP propongo a los lectores un nuevo catálogo de preocupaciones, estas sí para perder el sueño:

• El aumento del desempleo. Lo dijo Juan Camilo Restrepo en una reciente entrevista: se han destruido cerca de un millón de empleos en el último año. Esto se debe al amorcillamiento de la economía por el bajo dinamismo empresarial. Hay desazón por la creciente polarización política, las dificultades jurídicas para hacer negocios y el aumento de la carga tributaria para algunos sectores. De continuar esta pérdida de empleos, se generarán impactos sociales y políticos determinantes en la elección presidencial de 2020.

• Divisiones en el Ejército. Las filtraciones sobre escándalos de corrupción y falsos positivos en el Ejército provienen de la misma institución. Esto refleja una profunda división en las filas castrenses sin que el debilitado poder civil tenga la capacidad de controlarla: el ministro de Defensa está perdido en acción. Mientras tanto, el orden público se deteriora en muchas regiones, en algunas por cuenta del fortalecido ELN y, en otras, por ausencia estatal. Sin una fuerza pública motivada y bien liderada será imposible reversar los actuales desafíos a la seguridad nacional.

• Deterioro en las relaciones con EE.UU. Es cuestión de tiempo antes de una nueva chiripiolca por parte del niño malcriado que habita la Casa Blanca. Hasta ahora, la hemos sacado barata porque las estadísticas sobre cultivos de coca se han estabilizado. Quizás no sea así en el futuro. Se avecina una campaña presidencial en los Estados Unidos y Trump sabe que culpar a los latinos de los males gringos es un baloto electoral. Una descertificación, por injusta que sea, no se puede descartar.

• Una justicia irreformable. Parece que el Gobierno tiró la toalla en materia de reforma a la justicia, lo cual garantiza que el desprestigio y desgreño de la rama continuará. A la fecha no tenemos fiscal general, no hay sala disciplinaria en el CSJ, la Corte Suprema sigue incompleta, el cartel de la toga sigue ahí y la crisis penitenciaria parece irresoluble. Sin justicia, la lucha contra la corrupción nunca será efectiva, por muchas leyes que se expidan.

Podría seguir. Falta el tema de pensiones, Venezuela, la crisis de la salud, etc. Todos problemas más gruesos que la propiedad del avión que trajo a Arias a Bogotá, o que el presupuesto de la JEP, o si Santrich está Venezuela tomando whisky con Márquez. Más vale que nos pongamos a pensar en soluciones a los verdaderos problemas del país antes de seguir gastando energía en tonterías sin sentido.

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