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La preocupación global por el dominio de la tecnología digital pasa hoy por un complejo proceso de conversación donde se habla desde todas y ninguna parte del ecosistema digital: infraestructura, plataformas digitales, inteligencia artificial (IA) y data centers (DC); hasta regulación, política pública, legislación, innovación, competitividad y geopolítica. Todo esto en un contexto de provocaciones políticas y rifirrafes públicos entre autoridades y empresarios digitales de Europa y Estados Unidos. Estamos en un momento de desorden en la conversación global sobre nuestra sociedad digital, secuestrada por la provocación, la emoción, la inmediatez y la falta de una visión compartida.
“La democracia no va a ser doblegada por los tecno-oligarcas del algoritmo”, “Las redes sociales son un Estado fallido”, “cambiaremos la ley para que los ejecutivos de las plataformas digitales sean legalmente responsables de cualquier infracción que se produzca en sus sitios”, “España prohibirá el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años”, “terminará el salvaje oeste digital”: Pedro Sánchez, presidente de España.
Elon Musk comentó en su red social X: “Dirty Sánchez”, y Pavel Durov, fundador de Telegram, señaló: “Pedro Sánchez está impulsando nuevas y peligrosas regulaciones que amenazan tus libertades en internet. Esto forzará una censura excesiva: las plataformas eliminarán cualquier contenido, silenciando la disidencia política, el periodismo y las opiniones. Los gobiernos dictarán lo que ves…, creando cámaras de resonancia controladas por el Estado”.
Afirmó que “los funcionarios con los índices de aprobación más bajos del mundo (Macron, Starmer, Merz, Sánchez) son los defensores más fervientes de la prohibición de las redes sociales”. La amenaza recíproca y la descalificación pública como forma de conversación.
Los señalamientos del presidente Sánchez detonaron un debate de dimensiones hemisféricas en Europa, con impacto en Estados Unidos (EE.UU.) y China, con una desestructurada actuación de presidentes, primeros ministros, el Parlamento Europeo y diversos niveles de gobierno. El desorden discursivo, epidémico y emocional como respuesta.
Mario Draghi, ex primer ministro de Italia, sereno y firme, vuelve a señalar el verdadero problema: el exceso de regulación en Europa y su impacto en la innovación, las inversiones y la competitividad en el mundo digital. Pero la Comisión Europea suma más regulación y notifica a Meta medidas para revertir la exclusión de los asistentes de IA de terceros en WhatsApp, y lanzó una convocatoria de pruebas sobre la próxima Estrategia Europea de un Ecosistema Digital Abierto y asegurar la soberanía tecnológica.
Europa reconoce su debilidad frente a China y EE.UU. y, por otro lado, se engancha en populismo soberanista. Draghi subraya que Europa ha perdido el liderazgo digital, con una inversión insuficiente en I+D y dependencia de empresas extranjeras. Advierte que “la falta de adopción de IA pone a Europa en riesgo de estancamiento económico y el exceso de regulación (como el AI Act) es fuente de incertidumbre que puede ahogar a las empresas europeas”. “Europa corre el riesgo de quedar subordinada, dividida y desindustrializada”. Y sentencia: “¿Seguimos siendo un gran mercado, sometido a las prioridades de otros? ¿O tomamos las medidas necesarias para convertirnos en una potencia?”.
Esto es válido para América Latina.
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