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Analistas 24/11/2021

Concluir, concluir, concluir

Ese es el lema que este gobierno ha desplegado en sus estertores para priorizar un listado de 28 proyectos de infraestructura que espera terminar antes del fin del mandato y, según lo anunciado por la prensa, se han designado más de dos billones de pesos para estos propósitos.

Ojalá lo logre porque no tiene mucho tiempo. Para ser exactos solo le quedan 259 días desde el momento de escribir esta columna, como nos lo recuerda diariamente @YaCasiSeVaDuque, una cuenta tuitera dedicada a celebrar cada día que transcurre hasta la finalización del actual mandato presidencial.

Supongo que está bien que el gobierno quiera entregar algo tangible antes del 7 de agosto. Eso de la “economía naranja” como que no ha pegado mucho y aquello del que “la hace la paga” pues tampoco, a juzgar por los lamentables resultados en materia de seguridad.

Queda, eso sí, el legado del manejo de Covid y hay que reconocer que en eso el gobierno hizo lo que pudo. Lo digo sin ironía. No existe, en realidad, ningún gobierno del planeta que haya destellado en el manejo de este tema. Los que cerraron demasiado, destruyeron sus economías y coartaron las libertades individuales; los que se mantuvieron abiertos se enfrentaron a una catástrofe sanitaria; los que hicieron ambas cosas a medias, como Colombia, tuvieron muertes y crisis económica.

La economía, por su parte, se recupera con bastante dinamismo. Los analistas hablan de crecimiento de dos dígitos, lo cual es de celebrar. El problema es que el rebote no alcanza a compensar la caída; el daño económico y social sigue siendo real y profundo. A pesar de las noticias positivas que salen de las empresas lo cierto es que el empleo aún no se recupera. Los emotivos titulares mediáticos que celebran el controversial día sin IVA no logran esconder el hecho de que millones de colombianos sufren aún las secuelas económicas del Covid.

En las encuestas es claro que la inmensa mayoría de la gente esta insatisfecha con la gestión gubernamental, a pesar de la innegable decencia y rectitud del jefe del Estado. Los indicadores de aprobación de todas las políticas públicas y de la popularidad presidencial son los peores desde que se hacen ese tipo de sondeos. La gente pide a gritos un cambio; el statu quo en las próximas elecciones parece estar completamente descartado.

Esto debería ser una clara voz de alerta para el establecimiento que, aterrorizado con la posibilidad de la elección de Gustavo Petro, ha celebrado la consolidación de una nutrida consulta de centro derecha para hacerle frente. Este sancocho de toda la clase política, más los partidos tradicionales, con un toque de tecnocracia y una pizca bacanería quizás no convenzan a una población mamada del continuismo.

Esta vez la fórmula lampedusiana de cambiar para que todo siga igual no parecería que vaya a funcionar. Lo mejor para el establecimiento es considerar alternativas de cambio responsables y moderadas pero reales, como las que propone la gestante coalición de centro, que resuenen con una población que solo quiere que concluya, concluya y concluya la actual administración.