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La amnistía de Guaidó

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Luis Guillermo Vélez Cabrera

En una entrevista el pasado fin de semana Juan Guaidó le reiteró a Maduro y a “todos sus funcionarios” que les daría “amnistía y garantías” si entregaban el poder. Lo mismo había dicho John Bolton, el asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, quien les recomendó aceptar la oferta para disfrutar de “un largo y callado retiro, viviendo en una agradable playa lejos de Venezuela”.

En otras palabras: váyanse por las buenas y hacemos como si nada hubiera pasado durante los últimos veinte años.

Como si no hubieran violado los derechos humanos de millones de venezolanos creando una crisis humanitaria de proporciones africanas; como si no hubieran malversado millardos de dólares; como si no fueran parte de un gigantesco cartel de narcotráfico; como si no hubieran promovido el terrorismo internacional -albergando a Hezbolá, ETA y al ELN- y como si no hubieran torturado y asesinado a cientos de disidentes políticos.

La oferta de Guaidó y de Bolton suena desagradable y lo es. Pero es una oferta práctica, inteligente y, sobretodo, útil en la actual coyuntura. La alternativa, recordarle a Maduro y a sus secuaces que son una banda de criminales que se deben podrir en una cárcel federal, no va a acelerar el colapso del régimen. Más bien lo contrario: lo acorrala, hace que el alto mando militar cierre filas y que conviertan al país en una nueva Siria. Esto, sin duda, sería más costoso en términos de sangre y tesoro que permitirles un retiro en la impunidad.

El mismo Guaidó, en la entrevista citada, dio ejemplos históricos que justifican su oferta. Habló de Polonia, Chile y de Venezuela en el 58. Pero se quedó corto, muy corto. La historia de los conflictos recientes está plagada de ejemplos donde ha sido más rentable mandar a los tiranos a la playa que fusilarlos o llevarlos a un tribunal. Los derrocamientos relativamente pacíficos de Duvalier, Stroessner, Marcos y Suharto, para mencionar algunos cleptócratas notorios, así lo demuestran. También hay otros ejemplos donde a supuestos criminales de guerra y terroristas no solamente se les perdonó, sino que fueron rehabilitados para seguir gobernando: el emperador Hirohito, Arafat y Mandela son tres que se vienen a la mente.

Resulta interesante que muchos de los que apoyan la propuesta de Guaidó, donde ofrece impunidad total a Maduro y Cía., sean los mismos que han criticado de manera despiadada a la JEP porque la consideran exculpatoria. El proceso de paz con las Farc es ejemplar a nivel mundial precisamente porque logra la desmovilización pacífica de un grupo terrorista-narcotraficante con pretensiones políticas y la necesidad de un mínimo de justicia para las víctimas, así sea imperfecta. Esto es mucha menos impunidad que la que hoy les ofrecen a los chavistas o, para estos efectos, la que Washington les ofrece a los talibanes en las recientes negociaciones de paz afganas. Sería bueno que los enemigos de la JEP en Colombia dejen de ver la inexistente viga en el ojo propio cuando celebren la córnea cristalina en el ajeno.

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