MI SELECCIÓN DE NOTICIAS
Noticias personalizadas, de acuerdo a sus temas de interés
La canción infantil se hizo como elemento didáctico para que los niños aprendiéramos los números y a contar, pero la realidad de la vida pública de nuestras democracias parece soportar el balanceo de dos elefantes burocratizados, uno de izquierda y otro de derecha que cada cuatro años salen a llamar a un camarada. Será que eso nos puede durar eternamente, cuando vivimos sobre la fragilidad presupuestal que carga el incremento constante del clientelismo y el contratismo, siendo nuestra precariedad fiscal como la débil tela que teje una araña para atrapar bichos, insectos livianos y mugre en esquinas y recovecos dándole mal aspecto a las casas.
El caso es que la democracia colombiana no aguanta el balanceo de ambos elefantes tentando hasta donde resiste la telaraña ante el desfalco continuo del Estado. Aquí con la llegada de cada gobierno vienen los nombramientos a dedo para llenar posiciones de responsabilidad a la verraca, ignorando el “qué, cómo y dónde”; solo importa el “quién”, basta con que sea amigo, abogado o administrador, con lo cual nos llenamos nuevamente de mediocres realizando gestiones mediocres en medio de la continuidad de la administración de un empobrecimiento continuo.
La euforia de los cambios de gobierno crea un debate mediático personalizado, mientras acrecienta la colección de los inútiles que mantenemos con nuestros impuestos como muñecos de vitrina en el manejo de la cosa pública; una actividad lucrativa correlacionada con cuánto figura o aparece en las redes y medios, dejando de lado los hechos, que deberían determinar su calificación en función de su impacto cualitativo en el desarrollo y cuantitativo en el crecimiento.
Nada más importante para reflexionar hoy, que en las palabras de la filósofa y escritora Alisa Zinovyevna Rosenbaum (Ayn Rand), autora de “La rebelión de Atlas”, que hace 69 años dijo: “Cuando adviertas que para producir necesitas obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes no trafican con bienes sino con favores; cuando percibas que muchos se hacen ricos con el soborno y por influencias más que por su trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos sino, por el contrario son ellos los que están protegidos contra ti; cuando descubras que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio; entonces podrás afirmar, sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada.”
Estamos en la era de las eficiencias donde solo van a sobrevivir los que tengan conocimiento y energía. El resto es carreta porque este mundo ya no aguanta el criterio estrecho ni la mediocridad.
Si hoy no se digitaliza el Estado y se reduce el gasto público, si no se reduce la burocracia, si lo que importa son las sillas musicales entre los mismos puestos en entidades y gremios, si todo se queda en show, pachanga y likes, si todos son abogados y administradores y no ingenieros y biólogos, pronto veremos cómo cae en picada la sociedad al decrecer en lugar de desarrollarse; al barbarizarse en lugar de culturizarse; al embrutecerse en lugar de educarse; al aceptar la miseria de la mediocridad como desmejora en la forma de vida mediante la acumulación de inútiles e indigentes que provocan mayor pobreza por no ser capaces de construir una clase media sólida, culta, educada, laboriosa, productiva y sana a partir de una nación segura y un Estado eficiente.
El país necesita es eficiencias en la gestión pública que solo pueden resultar de una transformación educativa y cultural para poder pensar en grande sobre las bases de la legalidad y los valores democráticos. Bajémonos de los elefantes ideológicos y construyamos sobre los principios sólidos de libertad y orden, evolucionemos, que el mundo cambió. Cambiemos politiquería y clientelismo por ciencia y conocimiento, desarrollemos el gran potencial del país.
Hay edificios enteros que no se pueden mover por riesgo a que colapsen y produzcan más heridos pero su presencia es amenazante. Hay vidrios rotos colgando de ventanas por toda la ciudad