Al tiempo que Trump hace referencia a Petro para ganar adeptos, el gobierno colombiano se ingenia estrategias para evadir responsabilidades frente a las decisiones del poder judicial y se cuaja el conflicto entre Armenia y Azerbaiyán, se sigue trabajando a una velocidad sin precedentes para hallar la dosis que vaya directo contra el virus SAR-Cov2, que ha generado la actual pandemia de la neumonía covid-19. Más allá de la generación de la vacuna, aparece una serie de aspectos que se debiera considerar.

Aunque se ha venido haciendo referencia a una competencia entre gigantes para lograr la vacuna que contrarreste el virus, en realidad los retos globales pueden ir más allá de ello y podrían ser sintetizados en tres: el primero, lograr la vacuna; el segundo, la distribución de la misma; y, el tercero, la manera como el multilateralismo va a manejar estos asuntos en los próximos años.

En relación con lo que concierne al proceso de lograr una vacuna contra la covid-19, efectivamente hay una competencia entre gigantes, pero dicha competición se ha tornado bastante desigual por la manera como cada gobierno ha procurado el liderazgo frente al tema. Lo de los rusos es particularmente imprevisto.

Si bien, el proceso que dio origen a la “Sputnik V” (vacuna rusa) viene de tiempo atrás, anclado a las investigaciones que se desarrollaron en torno al virus SAR-Cov1, no deja de generar dudas la velocidad con la que se logró. China y Estados Unidos siguen avanzando en conseguirla. Europa ha mostrado avances significativos en ello también.

De hecho, los dos proyectos más avanzados son el de la vacuna de la Universidad de Oxford (junto con el laboratorio AstraZeneca) y el de CanSino Biologics Inc (en unión con la Academia de Ciencias Médicas Militares del gobierno chino).

Es importante anotar que, aunque la opinión pública demanda una vacuna prontamente, la realidad frente al tema es que el proceso científico de generación de una vacuna tiene un promedio de 10 años, lo que sitúa este proceso de alcanzar la dosis contra la covid-19 en algo inédito en la historia de la ciencia.

El segundo gran reto tiene que ver con la manera como se ha previsto distribuir la vacuna a lo largo y ancho del planeta. En este sentido, las disputas “geopolíticas” han sido bastante agresivas y se ha dejado a un lado el interés general o, por lo menos, la necesidad de pensar el tema desde la óptica de la seguridad humana.

Cada gobierno ha querido avanzar en lograr el antídoto procurando ascender su prestigio internacional y se visualizan grandes dificultades una vez esté creada la vacuna. El egoísmo supremo lo ha demostrado Estados Unidos, tanto con sus acciones en contra de la labor de la OMS como con las posturas de asegurar la compra de millones de dosis para su población, sin prever posibilidades de cooperación con otras naciones.

Finalmente, el tercer gran reto es el que viene enfrentando el multilateralismo y la manera como tendrá que ajustarse a las dinámicas que se desprenden de la realidad en la que se encuentra el planeta. Durante estos meses se ha notado que las interacciones en el marco del multilateralismo han sido, además de insuficientes, poco efectivas.

Además, algunos Estados han actuado de manera irresponsable frente a los compromisos previamente adquiridos con las organizaciones internacionales. De parte de Estados Unidos, por ejemplo, el maltrato hacia la OMS ha resultado inédito y obedece más a un tema de preferencias personales del presidente Trump que a una realidad relativa al funcionamiento de la organización.

Lograr la vacuna será importantísimo, pero el manejo que se pueda hacer de ella será más neurálgico. Y como ha quedado dicho, la confianza frente a la manera como ha venido operando el sistema multilateral tendrá que ser recuperada solo a partir de acciones contundentes por parte de las organizaciones internacionales que, hasta ahora, han sido poco eficientes.