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La profecía que ha significado Rusia hace poco más de un siglo no es fácil de entender en todas sus ramificaciones, pues se ha extendido con toda su maldad a cada rincón de la tierra, tanto que a Colombia llegó y encontró en algunos sitios tierra fértil para nuestro infortunio.
Vladimir Putin fue el último gran tirano en conocer el verdadero rostro de la guerra. Su caída será la noticia de este siglo, pero no se respirará un alivio definitivo, tan solo será un corto descanso. A Putin la guerra le mostró su verdadero poder, que no logró entender, dado que su tiempo terminó y que la nostalgia de la Unión Soviética fue sepultada el siglo pasado. Jugó todo su capital político y lo perdió; está viejo y vencido, acorralado, loco. No me cabe duda de que sus días están contados: perturbado por la gloria pasada, no sabe dónde se encuentra; de lo contrario, ya hubiera actuado frente a los acontecimientos recientes.
La tarea de Estados Unidos en las semanas por venir es servir de “referee” y declarar el fin del conflicto, una especie de empate, pero con un actor, en este caso Putin, rumbo al exilio o a otro lado si el sheriff no llega pronto a Moscú.
Al igual que en 1989, cuando la Urss cayó para siempre -esto empezó en Chernóbil, en 1986-, ahora ocurre algo similar en la misma Ucrania de entonces, pero esta vez, y para siempre, desde 2022. En aquella época, el gobierno de Bush padre se apresuró, junto con sus funcionarios, a tomar el control del uranio enriquecido y de muchas ojivas nucleares que habían quedado sin dueño. El Congreso de Estados Unidos aprobó en noviembre de 1991 la Ley de Reducción de la Amenaza Nuclear Soviética, más conocida como la Ley Nunn-Lugar, cuyo propósito era asegurar y desmantelar las armas de destrucción masiva ubicadas principalmente en Ucrania, Rusia, Bielorrusia y Kazajistán. Se movieron rápido y, ya en 1992, los presidentes Bush y Yeltsin firmaron el acuerdo macro, todo esto mientras Putin, agente cercano a Borís, miraba con rabia cómo repartían a jirones a su “madre”. Simplemente esperó su momento y este llegó: su presentación en sociedad fueron los Juegos Olímpicos y el circuito de Fórmula 1 en Sochi, y el Mundial de Fútbol de 2018; estaba listo para el baile.
La grieta chechena y Wildberries, dos clavos del ataúd: el último y preciso ataque de Ucrania en suelo ruso, específicamente sobre los almacenes de la cadena Wildberries que, entre otras cosas, vendían a sus clientes productos para la guerra, abrió una grieta más en la lealtad sobre la que se sostiene Putin: millones ven que no puede defenderlos y que no le interesa.
Las colas en la gasolinera, la plata que les pide cada año para una guerra, los autopréstamos imposibles de la banca, los reclutamientos en cada esquina de las ciudades más pobres de Rusia y las trampas con las que sale a “cazar” reclutas en América Latina, como lo hicieron el siglo pasado con su programa “Amistad entre los pueblos”, llenando sus grandes aviones Aeroflot, redujeron a Rusia a una picadora de carne.
Ramzán Kadyrov, el brutal líder checheno y último socio por conveniencia del monstruo Putin, está muriendo: sus riñones dejaron de funcionar y es cuestión de tiempo. Quienes pelean por su silla saben que no seguirán con Rusia, todos menos su sanguinario hijo de 18 años. Pero, por ahora, esto no preocupa ni a Europa ni a Estados Unidos, aunque Zelensky le haya pedido a Trump que hiciera una extracción como la de Maduro en enero; tampoco será necesario.
Condolencias a las familias, gloria a los héroes: las palabras que más ha pronunciado Putin desde 2022, dedicadas a los casi dos millones de ciudadanos rusos muertos en esta guerra inventada. La historia es un fractal, y esto mismo le ocurrió a Hitler en la batalla de las Ardenas, en vísperas de su derrota final.
¿Utilizará Putin su arsenal nuclear o solo farolea? La opción nuclear no es una opción por ahora, y nunca lo fue: si Rusia lo usa, China le retirará todo el apoyo -de hecho, ya no lo tiene-, y Putin caerá por tener abiertos varios juegos de cartas donde en ninguno tiene la carta ganadora, y China lo sabe, al igual que lo sabía con Venezuela y Cuba. Falta Irán, pero esto lo resolverán pronto.
Sin Putin en el juego, la Otan no será necesaria, como lo dijo Trump, como tampoco otras tantas instituciones de la Guerra Fría, pues no se necesitarán para lo que se viene, que es aún mayor.
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