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La tragedia del Sarriá ocurrió una tarde calenturienta de julio del 82. La favorita de todos los tiempos, la majestuosa Brasil de Telê Santana, Zico y Sócrates, perdió con Italia. Años después, Toninho Cerezo señaló en una entrevista que nunca les pasó por la cabeza perder: sabían que eran una máquina de hacer goles y por eso no les preocupaba que se los hicieran. Les bastaba un empate, que no pudieron sostener frente a un Rossi que aquel día había sido tocado por una varita mágica. Esta historia se parece mucho a la economía brasilera de hoy, luego de cuatro gobiernos de izquierda, tres de ellos (12 años) con Lula al frente del timón, tiempo suficiente para probar sus políticas en su laboratorio (o maior país da América).
Las elecciones en Brasil son muy importantes para América Latina dado su enorme tamaño y su economía, la décima del mundo según el FMI. Sin embargo, es el país con la mayor desigualdad de la región, y es curioso, pues 16 años de gobiernos de izquierda casi consecutivos, con su narrativa de “acabar con la pobreza” y buscar la igualdad, surtieron el efecto contrario: el país se convirtió en una fábrica de pobres, las favelas siguen creciendo en Río, sus ciudadanos están endeudados y el dinero que pide prestado el gobierno resulta cada vez más costoso, pues la desconfianza aumenta el riesgo.
Visita al casino: las tasas de interés rotativas de las tarjetas de crédito en Brasil alcanzan 400% (Bloomberg); esto es una gigantesca bola de nieve que viene montaña abajo cada vez más rápido. PIX y las Fintech entran en juego. PIX, el sistema de pagos creado y administrado por el Banco Central y usado por unos 180 millones de personas, fue la manzana en el jardín del Edén: facilitó el comercio y permitió que las Fintech, muy poderosas en Brasil, otorgaran crédito fácil y rápido. El coctel perfecto: las tasas se dispararon a dos dígitos tan solo entre 2021 y 2025, al pasar de 1% a 15%, a la par y en una sincronización perfecta del desastre con las aplicaciones de inversión, que empujaron a millones a “jugar a ser trader”; solo se requería un celular.
Las apuestas en línea, legalizadas en 2018, se dispararon, y en el país del fútbol, al menos en el mes de septiembre, fueron del orden de US$5.800 millones (Banco Central). ¡Una completa locura! Este es un indicador claro: cuando aumenta exponencialmente el número de apuestas y apostadores, es porque la economía anda mal, y con ella millones de familias; pero así es como funciona la mente de las personas cuando están en aprietos. Como en el partido Brasil-Italia, en el choque de filosofías prevalecieron la lógica, la eficacia y el orden, no la estética, el toque y la improvisación alegre; es decir, la irresponsabilidad que promueve la izquierda.
La deuda bruta de Brasil ascendió a 82,9% del PIB en agosto debido al aumento del gasto en intereses (La República, septiembre de 2026). El PIB de Brasil para 2026 se estima en unos US$2,63 billones, lo que dimensiona aún más la irresponsabilidad con la que el octogenario Lula construyó y administró su país, que, junto con Argentina, Colombia y Ecuador, llevaba a sus ciudadanos a Cuba con escala en Venezuela.
Pero Lula, al igual que Petro, Maduro y los Kirchner, sacó un conejo del sombrero: a una semana de las elecciones promulgó un decreto desesperado, cuyas medidas incluyen nuevas líneas de crédito con intereses bajos, aval estatal y condonación de hasta 95% del valor total de las obligaciones que hayan contraído los pequeños emprendedores (EFE).
Lula cree, como todo político de izquierda, que la economía debe crecer a través de la demanda, y en su mente está que la mejor manera es el “gasto social”, que para ellos no es realmente gasto, sino invertir en la gente. Ese es el cuento de todos, la trampa: todos gastan, pero que el almuerzo lo paguen otros.
El sondeo de esta semana del Instituto de Pesquisas Datafolha fue contundente: los evangélicos, que representan 27% de la población, y eso es mucho en Brasil, ya tienen candidato: 62% votará por Bolsonaro. Además, tres de cada cuatro evangélicos dicen considerar la orientación de su pastor. Está decidido:
¡Bolsonaro ganará!
La advertencia llega desde Europa. El riesgo surge cuando los radicales descubren que pueden imponer costos económicos y reputacionales al Estado
Las actividades terciarias registraron un crecimiento de 1,1% anual, el más bajo de los últimos 25 meses