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Analistas 23/02/2021

La tecnocracia bien evaluada

Juan Daniel Oviedo director del Dane, se destacó sobre el equipo de Gobierno en la última encuesta empresarial que hace periódicamente el diario La República. En efecto, después del ministro de Salud, Oviedo destacó en segundo lugar con una calificación de 3.6.

El actual director del Dane, ha sido la muestra de un funcionario que pone la cara, que busca ser pertinente con la información que reporta la entidad, caracterizada por un gran rigor académico en el manejo de los datos. Este es el tipo de tecnocracia que el país necesita para la gestión pública. En contraste con la tradicional mediocridad de la que adolecen muchos de ellos, o la irresponsabilidad populista en el manejo de los indicadores, o sencillamente la indolencia y desidia de otros. Funcionarios como Oviedo generan un fortalecimiento de la institucionalidad, especialmente porque le imprimen eficiencia a la administración pública, pero lo que es más importante, generan confianza y credibilidad ante la ciudadanía.

En esa misma encuesta salieron destacados también el superintendente de Industria y Comercio (SIC) y el director del DNP. En el primer caso, Andrés Barreto, ha logrado asumir una superintendencia más reposada, pero igualmente efectiva en el manejo de los temas de competencia, que tanto ruido generaron en el pasado. Por su parte, Luis Alberto Rodríguez del DNP, ha tenido una participación muy activa en las respuestas del Gobierno frente a la crisis económica. Primero con el subsidio Ingreso Solidario a las familias pobres que aliviaron a muchos hogares en medio de los cierres, y ahora con el Conpes de reactivación económica, dan muestra de un DNP activo en medio de la crisis.

En la misma encuesta la única “ía” que se salvó fue la Contraloría General de la Nación. El contralor Carlos Felipe Córdoba ha logrado una reestructuración de la entidad de gran calado. Se espera que, con la nueva arquitectura y el fortalecimiento en su capacidad técnica, gracias al aumento significativo de personal cualificado, arroje importantes resultados, especialmente en la prevención, para no llegar cuando no hay nada que hacer, cuando los recursos se han esfumado.

Mucho bien le haría a la Contraloría si logra finalmente que todos los contratos de alimentación escolar se ejecuten como están pactados y se respecte el derecho de los niños pobres de Colombia a ese importante complemento nutricional. La danza de millones en estos contratos es una afrenta a las nuevas y más vulnerables generaciones.

El país y la institucionalidad requieren de burocracias mucho más modernas, más activas, de mayor perfil técnico, ético e independiente. Seguramente requeriremos equipos humanos mejor remunerados y especializados, pero será mucho mejor tener menos funcionarios, pero más cualificados. Otro aspecto que les da autonomía a los funcionarios es contar con período propio, como es el caso de las “ías”.

En 2015 esta buena práctica se trató de extender, en el marco del ingreso a la Ocde, a los superintendentes de Industria y Comercio, Financiero y Sociedades, dotándolos de períodos de cuatro años, y aunque con buenas intenciones, por cuestiones de legalidad en el decreto, el Consejo de Estado tumbó estas disposiciones, retornando al libre nombramiento y remoción de marras. Qué bueno sería, que para los cargos que tienen a su cargo funciones de inspección, vigilancia y control, se aprobara esta reforma, lo cual resultaría en un avance efectivo para darle más fuerza y autonomía a la gestión de los funcionarios.

Las relaciones entre el Estado y sus grupos de interés son dinámicas y por tanto requieren de permanente evaluación. Para ello no solo se requiere decisión política, sino acción concreta.

Qué bueno que ya algunos funcionarios estén dando testimonio que sí es posible. Una verdadera modernización del Estado.