Analistas 20/10/2020

La fraternidad pasa por la economía

El Papa hizo una exhortación al amor universal en su encíclica Fatelli Toutti, todos hermanos, sobre la fraternidad. Y ¿qué dijo sobre economía? Primero que todo, recordó la centralidad de la dignidad humana de todas las personas y del bien común y los aterrizó concretamente en temas cruciales: la propiedad privada, el mercado y el sistema económico, con un trasfondo por el respeto de la dignidad de los pobres y del planeta.

Desde la urgencia de asegurar el desarrollo humano integral, crítica los resultados económicos: “Hay reglas económicas que resultaron eficaces para el crecimiento, pero no así para el desarrollo humano integral. Aumentó la riqueza, pero con inequidad, y así lo que ocurre es que nacen nuevas pobrezas” (No.21). Hace referencia a que la pobreza es algo relativo y no meramente absoluto.

Señala al capitalismo centrado en las ganancias: “En el mundo de hoy persisten numerosas formas de injusticia, nutridas por visiones antropológicas reductivas y por un modelo económico basado en las ganancias, que no duda en explotar, descartar e incluso matar al hombre. Mientras una parte de la humanidad -vive en opulencia, otra parte ve su propia dignidad desconocida, despreciada o pisoteada y sus derechos fundamentales ignorados o violados” (22)

El papel de la intervención del Estado sigue vigente, para asegurar el desarrollo integral: “Exige un Estado presente y activo, e instituciones de la sociedad civil que vayan más allá de la libertad de los mecanismos eficientistas de determinados sistemas económicos, políticos o ideológicos, porque realmente se orientan en primer lugar a las personas y al bien común”. (108)

Insiste en la solidaridad como la lucha contra: “… las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, de tierra y de vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales” (116)

Retoma la tradición de la Iglesia sobre el destino común de los bienes creados. “El derecho a la propiedad privada sólo puede ser considerado como un derecho natural secundario y derivado del principio del destino universal de los bienes creados, y esto tiene consecuencias muy concretas que deben reflejarse en el funcionamiento de la sociedad”. (120)

Sobre la libertad de empresa le recuerda sus límites: “El derecho de algunos a la libertad de empresa o de mercado no puede estar por encima de los derechos de los pueblos, ni de la dignidad de los pobres, ni tampoco del respeto al medio ambiente, puesto que quien se apropia algo es sólo para administrarlo en bien de todos” (122)

A los empresarios les evoca que sus capacidades son un don de Dios: “Pero en todo caso estas capacidades de los empresarios, que son un don de Dios, tendrían que orientarse claramente al desarrollo de las demás personas y a la superación de la miseria, especialmente a través de la creación de fuentes de trabajo diversificadas”. (123)

Sobre las posibilidades el modelo neoliberal le señala su agotamiento: “El mercado solo no resuelve todo, aunque otra vez nos quieran hacer creer este dogma de fe neoliberal. Se trata de un pensamiento pobre, repetitivo, que propone siempre las mismas recetas frente a cualquier desafío que se presente. El neoliberalismo se reproduce a sí mismo sin más, acudiendo al mágico “derrame” o “goteo” -sin nombrarlo- como único camino para resolver los problemas sociales. (…) Por una parte, es imperiosa una política económica activa orientada a promover una economía que favorezca la diversidad productiva y la creatividad empresarial, para que sea posible acrecentar los puestos de trabajo en lugar de reducirlos. La especulación financiera con la ganancia fácil como fin fundamental sigue causando estragos. Por otra parte, sin formas internas de solidaridad y de confianza recíproca, el mercado no puede cumplir plenamente su propia función económica. Hoy, precisamente esta confianza ha fallado”. (168)