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Analistas 09/02/2021

Flexibilidad, flexibilidad, flexibilidad

Las crisis tienen un elemento fundamental para poderlas superar. La flexibilidad personal e institucional. Así lo hemos vivido en esta pandemia, hemos visto cómo muchos de nuestros paradigmas se han derrumbado. Hay muchas decisiones que, si no fuera por la pandemia, nunca habríamos sido capaces de tomar y que ahora se muestran que sí era posible. Esto nos llama a valorar en profundidad la flexibilidad, como gran valor.

En su interesante libro “Crisis”, J. Diamond, muestra cómo uno de las condiciones para que países logren pasar exitosamente por períodos o situaciones de graves crisis, es precisamente la flexibilidad. “… lo que sí puede merecer la pena es considerar si los países son calificables como flexibles o rígidos de forma variable a lo largo de múltiples ejes”. Es decir, no hay países rígidos o flexibles, sino que en cada situación se debe evaluar. Pues bien, en esta época de pandemia, lo más importante es que se tenga flexibilidad para responder a las nuevas y apremiantes situaciones.

Adam Kahane, en su libro “Colaborar con el enemigo” trae tres disposiciones que ayudan para ganar flexibilidad. El primer estirón es la aceptación del conflicto y que se asuma la necesidad de utilizar los dos motores que tenemos todos: el poder y el amor; usarlos ambos es clave. El segundo estiramiento: aplicar diálogo y presencia (sentir al otro) con la decisión de avanzar. Y finalmente sumergirse en la acción con la convicción que se va a cambiar (conjuntamente con el otro), es decir una transformación mutua.

El llamado a la flexibilidad es que como sociedad ganemos en posibilidades de nuevas arquitecturas, en posibles futuros distintos. Y para que se pueda dar se requiere que muchos paradigmas que teníamos los dejemos atrás. Obviamente, no implica crear de cero, pero sí dejar que los procesos puedan tomar nuevos rumbos y forjar nuevas soluciones. Veamos algunos casos concretos.

A nivel nacional está la posición de las centrales obreras sobre el piso mínimo de contratación que busca ir formalizando poco a poco a muchas personas que en la actualidad están totalmente desprotegidas en el fango de la informalidad. Las centrales, comprensiblemente, se aferran a los mínimos que se han ido conquistando con el paso del tiempo en favor de los trabajadores formales. Pero la realidad es que esa protección deja la mitad de los trabajadores del país ¡por fuera! Hay que ser flexibles, ver que pueden existir rutas en coexistentes, mientras llegamos a los estados deseados. Otro caso, ha sido la crítica del establecimiento económico (Nuevo gerente del Banco de la República, entre otros) sobre la viabilidad de la emisión del Banco Central en favor del Estado colombiano. Sin ni pensar en qué cuantía, sin ver qué condiciones podría tener, la propuesta fue sepultada. Aquí faltó flexibilidad. Se actuó con la ortodoxia de tiempos normales que, si bien es un dique frente a abusos de gobiernos populistas, ahora no tuvo la capacidad de acoplarse a los tiempos especiales. Hay en el fondo una pregunta para la Junta del Banco de la República; se generó expansión monetaria y mucha para irrigar a los bancos, ¿era necesaria en esa cuantía?, ¿no se habría podido dejar un espacio para el préstamo al gobierno?

El último tiene que ver con la reforma tributaria, sobre la extensión del IVA en la canasta que ya ha generado muchas reacciones. El paradigma de siempre es que la canasta no se debe tocar, porque no es justo que se ponga un impuesto a bienes de primera necesidad. Por ello, hasta grupos políticos ya han dicho que eso no lo votan “ni amarrados, ni enmermelados …” Pues bien, con la devolución del IVA a los más pobres, que ya funciona, una decisión de estas es bastante racional y gracias a ello el impacto puede ser progresivo. Hay que oír bien los argumentos, ser flexibles.

Flexibles, esa debe ser la actitud.