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ANALISTAS 30/09/2026

El inagotable magnetismo de El Dorado

Louis Kleyn
Analista
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Esta fantástica leyenda simboliza el motor principal detrás de la frenética actividad de los conquistadores. La ilusión de colmar unas ambiciones insaciables ante la abundancia de oro encontrada en América. Los indios Caribe en Venezuela transmitieron a los recién llegados la información sobre la región del “Meta”, país del oro, ubicado supuestamente hacia el suroeste. Diego de Ordaz, Dortal, Alonso de Herrera, Dalfinger, Hohermuth, Federmann, Hutten, todos partieron en su búsqueda, llegaron a nuestro piedemonte llanero y algunos hasta el Putumayo.

De acuerdo al cronista Fernández de Oviedo, la primera referencia a El Dorado se da en Quito en 1541, de boca de un muisca que se encontraba allí y que mencionó el relato del cacique cubierto de polvo de oro, en una región donde abundaba el precioso metal. Con base en ella, Gonzalo Pizarro emprendió en 1542 su expedición hacia el oriente, que concluiría en el descubrimiento del Amazonas. Paralelamente, Hernán Pérez de Quesada, hermano del fundador, salió de Bogotá por el Sumapaz hacia el sur, bajó y bordeó la cordillera oriental y llegó hasta el valle del Sibundoy, retornando por Cali después de dos años. Ambas leyendas sobre el “país del oro” se fusionaron en una y se comenzó a escudriñar la infinita región de los llanos.

En 1568, con el objetivo de ir tras el mito, Jiménez de Quesada negoció con la Corona y recibió el derecho a “dos vidas” sobre las provincias de “El Dorado” (Pauto y Papamene), que cubrían todos los llanos orientales. En 1570 salió hacia el Guaviare con 300 españoles, retornando derrotado y sin resultados, con solo 25 hombres, tres años después. En su testamento dejó instrucciones a su heredero, Antonio de Berrío, el esposo de su sobrina, para que continuase con la búsqueda.

Empezando en 1584, Berrío realizó tres largas expediciones hasta el Orinoco y luego se radicó en Trinidad. Se convenció de que El Dorado estaba hacia el sur del delta del Orinoco, sobre las inmensas mesetas de la Guyana, entrando por el río Caroni, un afluente del Orinoco. En 1595 Sir Walter Raleigh atacó Trinidad, capturó a Berrío, accedió a la información sobre la leyenda y exploró el Caroni. De regreso a Inglaterra, publicó en 1596 su libro sobre “El descubrimiento de Guyana”, que difundió en toda Europa el mito de El Dorado. Esto facilitó a Berrío el enganche en España de miles de voluntarios que partieron al Orinoco con consecuencias desastrosas. Después de la muerte de Berrío en 1597, su hijo Fernando realizó otras 18 expediciones durante los siguientes 10 años. Se atrajeron también múltiples exploradores de Holanda, Francia e Inglaterra a la Guyana. Con el ascenso de Jacobo I como rey de Inglaterra en 1603, Raleigh cayó en desgracia, fue encerrado en la Torre y pidió clemencia para intentar nuevamente perseguir el espejismo. Logró un último viaje a la zona, durante el cual murió su hijo. De regreso a Inglaterra fue decapitado, sumándose a los incontables crédulos aventureros que sacrificaron su vida por El Dorado.

 

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