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Analistas 05/11/2026

El nuevo ritmo de la música

Leticia Ossa Daza
Socia Directora Práctica LatAm Paul, Weiss NY
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“Un cafecito, riquito, riquito”. La frase se ha vuelto viral en Colombia gracias a ‘Bonito, bonito’, una canción pegajosa interpretada por Thiago Navarro, un cantante que no existe. Su creador, Anier Cruz, escribió la letra y utilizó inteligencia artificial para producir la música, la voz y el personaje digital en apenas dos días. Lo que antes requería músicos, estudios de grabación y una inversión considerable hoy puede hacerse desde un computador.

En Estados Unidos, el fenómeno llegó a las listas de éxitos, generando controversia. ‘Walk My Walk’, de Breaking Rust, un artista virtual de música country, alcanzó el primer lugar de Billboard en ventas digitales de ese género en noviembre de 2025.

La IA no solo crea intérpretes, también desdibuja las fronteras entre inspiración, imitación y apropiación, redefiniendo la industria musical desde la creación hasta la distribución y los derechos de propiedad intelectual.

Según Deezer, plataforma francesa de música en streaming pionera en detectar contenido generado con IA, en junio de 2026 recibía diariamente unas 90.000 canciones creadas íntegramente con esta tecnología. Aplicaciones como Suno y Udio permiten crear composiciones completas mediante instrucciones escritas. La producción musical, antes reservada a quienes tenían conocimientos técnicos o recursos económicos, está al alcance de millones de personas.

Pero la verdadera revolución ocurre en el modelo de negocio. Warner Music, que inicialmente demandó a Suno por el uso de obras protegidas, terminó alcanzando un acuerdo de licenciamiento. Spotify proyecta lanzar en 2027 un servicio que permitiría crear versiones y remixes de canciones existentes mediante IA, posiblemente por cuatro o cinco dólares adicionales al mes. Los artistas participantes recibirían regalías.

La industria descubre una fuente de ingresos: monetizar no solamente las reproducciones, sino también la creación de música a partir de obras existentes. Los catálogos, las composiciones y las voces adquieren nuevas posibilidades comerciales. Surgen preguntas sobre quién autoriza su utilización, cómo se distribuyen las ganancias y qué protección merecen los artistas frente a imitaciones digitales.

Hay otra paradoja. Mientras producir canciones se vuelve más fácil, conseguir que alguien las escuche resulta cada vez más difícil. Deezer estima que la música generada con IA representa apenas entre el 1% y el 3% de sus reproducciones. La abundancia de contenido no garantiza que alguien quiera escucharla y obliga a las plataformas a reconsiderar sus mecanismos de recomendación y remuneración. Cuando crear se vuelve fácil, el verdadero reto es conquistar y mantener una audiencia.

La tecnología no elimina el valor del talento humano, pero cambia las condiciones para competir. Una buena voz, una composición original o una interpretación memorable seguirán marcando la diferencia. La autenticidad y la capacidad de generar una conexión duradera con el público adquieren un valor aún mayor.

‘Bonito, bonito’ demuestra cómo una innovación global llega a nuestra cotidianidad sin grandes anuncios. El futuro de la música no dependerá solamente de quién cree la próxima canción, sino de quién controle su uso y capture su valor. Pero el verdadero éxito seguirá dependiendo de algo mucho más sencillo: que alguien quiera escucharla una y otra vez.

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