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En 2021, Bogotá trataba de sostenerse después del golpe de la pandemia. En muchos hogares, hacer las cuentas del mes significaba decidir qué pago podía esperar. El 23,6% decía que sus ingresos no alcanzaban para cubrir los gastos mínimos. Cuatro años después, la Encuesta Multipropósito encuentra que esa proporción bajó al 11,9%.
La recuperación se dibuja con especial fuerza en el sur. En Bosa, los hogares que reportan ingresos insuficientes pasaron del 39,3% al 13,4%. La pobreza monetaria también disminuyó de manera importante allí, en Usme y en Ciudad Bolívar. Pero las cuentas de un hogar dependen también de lo que ocurre alrededor. La vivienda, los desplazamientos y los servicios van determinando cuánto rinde el ingreso y qué posibilidades abre. En estos cuatro años, Bogotá se volvió más arrendataria: los hogares que alquilan pasaron del 50,2% al 55,1%. En Bosa, donde tanto mejoró la percepción del ingreso, ya son seis de cada diez.
A la cuenta de la vivienda se suma el tiempo necesario para llegar al trabajo. Quienes tardan más de una hora pasaron del 17,5% al 21,2%. En ese mismo periodo, la moto ocupa un lugar creciente en los hogares: del 10,3% al 17,5%.
Internet abre otras rutas para estudiar y trabajar, pero su cobertura sigue alrededor del 80%, prácticamente igual que en 2021. En Usme apenas llega al 60% y en Ciudad Bolívar al 70%. El agua y la energía, en cambio, alcanzan prácticamente a todos los hogares urbanos.
Ese contraste entre avances y pendientes aparece también en el cuidado de la ciudad. Separar los residuos, una práctica que necesita del compromiso de los hogares y de un sistema que lo acompañe, perdió terreno: del 74,7% al 66,1%.
Bogotá ha construido capacidades para responder a las dificultades económicas. Aprendió a entregar transferencias directas y bancarizadas, e Ingreso Mínimo Garantizado ha mejorado el bienestar financiero y la asistencia escolar.
La siguiente etapa exige unir la política social y la política urbana. Que la mejora de los ingresos encuentre respaldo en una vivienda asequible, menos horas de transporte y conectividad en todos los barrios. Anticiparse a las barreras que pueden frenar esa recuperación debe orientar las decisiones públicas desde ahora. Una ciudad que logra aliviar el bolsillo de sus hogares también debe ser capaz de devolverles tiempo, estabilidad y oportunidades.
El liderazgo es algo que amerita razonar a fondo, pero con simpleza. Por mi parte, encuentro su esencia en la misma enseñanza silenciosa que he recibido a lo largo de la vida de mis grandes maestros
Un país puede soportar por un tiempo el desequilibrio entre ingresos y gastos, pero no puede consumir indefinidamente los recursos que necesita para crecer