Analistas

Pdet: Expectativas, obras y discurso

GUARDAR

Julián Arévalo

Los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (Pdet son una apuesta del Acuerdo de Paz orientada a eliminar las condiciones que facilitan la perpetuación de la violencia en las zonas más golpeadas por el conflicto. Sin embargo, las expectativas creadas por estos programas contrastan con los plazos de los proyectos, y amenazan con crear frustración en la ciudadanía. Mayor ejecución, ajustes en el discurso y coordinación con otros actores, podrían ayudar.

Las cifras son dicientes. En la elaboración de los planes que sirven de insumo para los PDET se priorizaron 32.808 iniciativas; vías, escuelas, acueducto, electrificación y propuestas de reconciliación, aparecen entre las necesidades más urgentes en los 170 municipios donde se ejecutan estos programas. Todo esto fue resultado de un amplio proceso participativo al que se sumaron más de 220.000 personas en todo el país.

No obstante, mucha gente en las regiones ya manifiesta su desencanto, pues los proyectos no llegan como se quisiera. Para algunos se estarían reviviendo episodios del pasado donde el Estado también se comprometió a intervenir y no lo hizo.

Ejecutar las obras en un plazo muy corto es prácticamente imposible. Sin embargo, el escenario se complejiza cuando a los ritmos de avance se suman las declaraciones de algunos excomandantes de las Farc de retomar las armas, el silencio de funcionarios de entidades nacionales en el nivel local, y las voces que hablan de falta de recursos para la paz o simplemente de no cumplir el Acuerdo.

El inusitado interés del Gobierno por la situación de Venezuela, comparado con el interés mostrado por la transformación integral de las regiones, por ejemplo, no pasa desapercibido en el territorio.

Desde luego, no hay mejor receta contra estos males que impulsar cada vez más a fondo la implementación de los Pdet y, en general, de todo el Acuerdo. Sin embargo, hay acciones adicionales que el Gobierno puede adoptar que ayudarían a darle un manejo a las expectativas de la gente que espera la puesta en marcha de estos programas.

Primero, el posicionamiento de una narrativa única de cumplimiento y respaldo al Acuerdo y su implementación. Pocas cosas hacen tanto daño como la multiplicidad de narrativas y la falta de certezas que esto genera en los territorios; los actores ilegales, mientras tanto, continúan con su apuesta sencilla de capitalizar la frustración para fortalecer sus negocios.

Segundo, se puede aprovechar el cambio en las alcaldías y gobernaciones para que quienes resulten elegidos se sientan respaldados en todo aquello relacionado con la implementación del Acuerdo. Será difícil avanzar en la construcción de paz si estos otros actores no se suman a este propósito; y no lo harán hasta tanto el Gobierno Nacional no ofrezca los incentivos correctos.

Y tercero, tener en cuenta el sentimiento prácticamente de consenso en la negativa a volver a la guerra. Gracias a que en muchas regiones los cambios que ha traído el Acuerdo son innegables, la ciudadanía está cada vez más dispuesta e interesada en vincularse a la construcción de paz. Este es un activo que no se puede desperdiciar.

Las expectativas creadas son grandes, y a la par de la ejecución de planes y programas, el Gobierno tiene en sus manos la capacidad de generar la confianza que se requiere para continuar con este esfuerzo de largo plazo. Ojalá esta vez no se pierda la oportunidad.

Más columnas de este autor
LA REPÚBLICA +

Registrándose puede personalizar sus contenidos, administrar sus temas de interés, programar sus notificaciones y acceder a la portada en la versión digital.

GUARDAR
MÁS LR

Agregue a sus temas de interés

MÁS LR

Agregue a sus temas de interés