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Democracia, política y migración

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La crisis de la democracia liberal que se vive actualmente en el mundo ha permitido el empoderamiento de sectores extremos del espectro ideológico; de actores cuyas agendas locales y parroquiales se imponen por encima de los valores e ideas liberales a las cuales se le apostó durante buena parte de la segunda mitad del siglo XX.

Las consecuencias de esto se han sentido de manera especial en el tema de la política migratoria, fenómeno que se extiende desde Europa hasta Estados Unidos y que también tiene sus efectos sobre Colombia.

El caso de Europa es especialmente diciente. El triunfo reciente de la extrema derecha en Alemania -Alternativa para Alemania- le está permitiendo a estos sectores imponer su agenda nacionalista, anti-migratoria e iliberal y que otros partidos de derecha terminen endureciendo sus posiciones ante el miedo a perder terreno frente a ella.

Ante esta situación, la canciller alemana, Angela Merkel, le apostó a una salida concertada con los demás países de la Unión Europea, contraria a la postura de los grupos más radicales de su país, que buscaban medidas unilaterales y que ponían en mayor peligro a los migrantes.

Para evitar el colapso de su gobierno -resultado de la amenaza de renuncia de su Ministro del Interior y líder del partido Unión Social Cristiana de Bavaria, Horst Seehofer-, Merkel termina aceptando un acuerdo para endurecer su política migratoria en detrimento de la situación de miles de refugiados.

Esta derrota empezaría a marcar el final de la era Merkel y lo que fue su agenda liberal, donde se la jugó a fondo por el tema de la migración. En materia de ganadores y perdedores, otro de los que celebra este resultado es el canciller austriaco, Sebastian Kurz, quien se ha opuesto radicalmente a las políticas migratorias laxas.

Por su parte, en Estados Unidos se ha evidenciado una fuerte presión de los sectores más conservadores y antiliberales en contra de los inmigrantes, lo que ha llevado a la generación de políticas de veto migratorio, reducción de refugiados, prohibición musulmana, o militarización fronteriza.

Políticas que coinciden con el enfoque que ha mantenido el gobierno de Trump de “tolerancia cero”, el cual se traduce en imágenes de niños enjaulados y separados de sus padres, quienes se encuentran en cárceles y siendo judicializados, o de menores de edad testificando ante cortes sin el acompañamiento de un abogado.

Aun cuando el inconformismo y la presión de la ciudadanía hicieron que Trump diera la orden de dejar de separar a las familias de inmigrantes, la dramática situación se mantiene.

Colombia no es ajena a este fenómeno. Con la crisis de la democracia y de la economía en Venezuela, ha crecido notablemente el número de inmigrantes provenientes de ese país, pasando de 48.714 registrados en 2015 a más de 600.000 en 2017.

Este hecho ha exacerbado los sentimientos negativos hacia los migrantes, lo cual ha sido aprovechado para adelantar agendas políticas a través de la promoción del miedo que genera el “fantasma de Venezuela”.

Esto es aún más grave en un contexto donde Trump ha anunciado públicamente su interés de invadir el vecino país, escenario que generaría un mayor proceso migratorio y podría ser capitalizado en Colombia por los sectores políticos radicales.

La defensa de los valores democráticos liberales es el antídoto para hacer frente a la crisis migratoria que vive el mundo.

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