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Tribuna Empresarial 24/05/2021

Transformación en la construcción

Juan Saldarriaga
CEO de Bimbau

Sí, es fuerte decir que trabajamos en la edad de piedra. Es intencional, pues es una buena forma de llamar la atención al sector para que despertemos. Como diseñadores, proveedores y constructores somos genios. Sí, lo somos. Basta con ver a nuestro alrededor y ver la capacidad de ingeniería y ejecución que lleva desarrollar ciudades, vías, puentes, túneles y megaproyectos. Entonces, ¿por qué no hemos evolucionado en la forma de construir? ¿Qué hace falta para implementar la transformación digital en la construcción?

La principal razón por la cual evolucionamos lentamente en la construcción es por el hecho de ser ingenieros. Al aplicar la ingeniería a los proyectos, demostramos la capacidad que tenemos para resolver dificultades y superar retos, incluso con un alto componente de creación e innovación. Por esto, el pensamiento se encuentra en un estado de confort, en donde nos convencemos de que nuestros procesos han sido y son buenos. Lo que no nos permitimos cuestionar es si estos pueden ser mejores. En otras industrias como la automotriz, en la que también lideran ingenieros, han logrado cuestionarse, superar esta barrera y evolucionar.

No pretendo con esto desincentivar el ingenio; al contrario, debemos mantener lo mejor de nuestro sector y a la vez cuestionar todo proceso que sea susceptible de mejoras en productividad y eficiencia. Es aquí donde tenemos que hacer un esfuerzo por abrir la mente, salir un momento de los números, la planeación y la gerencia de los proyectos y permitirnos como sector soñar y visualizar como queremos que sea nuestro negocio.

Los cálculos no darán, las estimaciones tampoco y el número de recursos será escaso y limitado. Por eso ante una posible solución, primero se debe empezar por mínimos productos viables (MPV), un concepto opuesto a la gerencia de proyectos, pero que muestra rápidamente el camino a seguir, bajo costo de implementación, identificación y corrección inmediata de errores, sin afectar la calidad y seguridad de nuestros usuarios.

Es difícil pensar desde nuestro legado de gestión de proyectos, en un producto y no en un proyecto; en un inicio pero no en un fin, una estimación pero no un presupuesto y una experiencia de uso y no en un diseño. Sin embargo, a esto es lo que debemos empezar a acostumbrarnos si queremos que nuestros procesos pasen de ser buenos a extraordinarios.

Una buena manera de identificar esos procesos susceptibles de mejora es con aquellos que generan dolencias para las organizaciones. Piensen en el problema y sueñen como sería ese proceso si la dolencia fuera solucionada. ¿Mejora la productividad? ¿Mejora la eficiencia? Si la respuesta es un sí, ya tenemos dos puntos para unir y trabajar. Lo que sigue es referenciarnos, es decir, debemos buscar problemas similares y ver cómo fueron solucionados. No siempre debemos ser inventores, también podemos innovar a través de soluciones ya existentes.

Luego, para aplicar soluciones propias o existentes a los desafíos, debemos definir un MPV en donde su alcance implique una solución parcial a la situación, pero que demuestre que es el camino apropiado para continuar trabajando en la solución.