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El mercado mundial del café atraviesa un momento que exige serenidad analítica y visión de largo plazo. Después de ocho años con déficit acumulado cercano a 18 millones de sacos, las estimaciones más confiables apuntan ahora a un superávit puntual cercano a 5 millones. Sin embargo, sería un error interpretar este dato como abundancia estructural. El sistema aún no logra reconstruir inventarios de manera significativa, y esa fragilidad convierte cualquier choque climático o disrupción logística en un factor de impacto inmediato sobre la disponibilidad física y las expectativas del mercado.
Colombia es hoy una expresión clara de esa realidad. Las lluvias excesivas impactarán la cosecha del ciclo 2025/2026 de una manera importante, a 12,8 millones de sacos, limitando la disponibilidad exportable para los meses venideros. Bajo la metodología desarrollada por Cenicafé, basada en el monitoreo técnico de cerca de 2.150 fincas, el pronóstico anticipa una producción de 6,2 millones de sacos en el primer semestre calendario de 2026. En este contexto, con una producción sensiblemente inferior, Colombia buscará los mercados y los clientes que más valoren su calidad. Cuando la oferta es más selectiva, el camino no es vender más, sino vender mejor, consolidando relaciones basadas en calidad, consistencia y confianza.
Del lado del consumo, las cifras confirman la solidez estructural del café. En Estados Unidos, el consumo crece +10,2% en valor, según Nielsen, reflejando un claro proceso de dinámica entre segmentos. Alemania registró un crecimiento de +4% en volumen, confirmando la fortaleza en mercados maduros. Y Nielsen en Colombia registra una evolución significativa del consumo de producto terminado: la categoría total alcanza los $3 billones, con un crecimiento de +28% en valor y de +1% en volumen. Esto indica que el consumidor no abandona su hábito, pero sí valora más el café y está dispuesto a pagar por calidad.
El café ha trascendido su carácter funcional para convertirse en una expresión cultural y de estilo de vida. En el retail conviven dos tendencias: el “Drinking Slow”, que privilegia la experiencia y la conexión con el origen, y el “On-The-Go”, que responde a la conveniencia de la vida moderna. El liderazgo no pertenecerá a quienes crezcan más rápido, sino a quienes logren expandirse sin diluir la esencia del café: el rigor del trabajo en origen, la hospitalidad en el punto de venta y la elevación de su expresión sensorial en la taza. Porque crecer es posible; preservar el valor mientras se crece es lo que define a los verdaderos líderes.
En este contexto, la apertura de la primera tienda flagship de Juan Valdez en el mundo, en Bogotá, marca un punto de inflexión. No es simplemente una tienda, sino una declaración estratégica que eleva la experiencia, fortalece la conexión con el origen y consolida el posicionamiento del café colombiano en el segmento premium. Es una inversión estratégica que reconoce que el verdadero valor no se construye únicamente en la transacción, sino en la percepción, en la educación y en la confianza que se consolida a lo largo del tiempo. Porque cuando el estándar se eleva, se eleva el valor de toda la cadena productiva.
La innovación también está redefiniendo el consumo. El crecimiento de bebidas frías, productos listos para consumir (RTD) y cafés instantáneos de altísima calidad refleja una transformación permanente en las expectativas del consumidor. El café frío dejó de ser una alternativa estacional para convertirse en una categoría estructural. La verdadera innovación no radica en la novedad pasajera, sino en la capacidad de perfeccionar el producto y preservar su carácter mientras se adapta a nuevas realidades.
A este panorama se suma el crecimiento de Asia, en particular China, cuyo consumo alcanza ya los 6,5 millones de sacos y cuyo potencial de expansión es extraordinario. Al mismo tiempo, un hito científico ha redefinido la percepción global de la bebida. Harvard y múltiples centros de investigación han reconocido el café como una bebida saludable, desmontando prejuicios históricos y ampliando de manera significativa su base potencial de consumo.
Los fundamentos del mercado permanecen sólidos. La demanda crece y se sofistica, mientras la oferta enfrenta límites estructurales que refuerzan el valor de la calidad. Las fluctuaciones financieras pueden generar volatilidad, pero no alteran la realidad de un producto cuya relevancia económica, cultural y social continúa fortaleciéndose. Colombia, como origen emblemático, tiene la responsabilidad de interpretar este momento, porque en el café el liderazgo verdadero no consiste en seguir el mercado, sino en construir valor que perdure.