.
Analistas 21/08/2026

Es la hora de la ciencia en Colombia

Juan Miguel Gallego Acevedo
Vicerrector de Investigaciones de la Universidad del Rosario

Colombia habla desde hace años de economía del conocimiento, transformación productiva, innovación y desarrollo sostenible. Pero hay una contradicción que seguimos sin resolver: queremos construir un país más productivo, más competitivo y capaz de enfrentar sus grandes desafíos, mientras la ciencia continúa ocupando un lugar marginal en las prioridades del Estado.

La pregunta ya no debería ser cuánto puede gastar Colombia en ciencia. La pregunta es: ¿cuánto le cuesta al país no tener la ciencia que necesita?

El Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación es una cartera joven que nació pobre. Su participación actual en el Presupuesto General de la Nación, PGN, no refleja en absoluto el papel que desempeña la ciencia como motor necesario del desarrollo y del bienestar de los colombianos. A esta debilidad se suma que, durante los últimos años, el Ministerio no logró consolidar las capacidades técnicas y la conducción estratégica que una política de esta dimensión requiere. Esto se ha materializado en uno de los presupuestos históricos más bajos destinados a la formación y retención del talento científico, así como en una incapacidad técnica para ejecutar de manera eficiente los recursos provenientes del Sistema General de Regalías en Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI). Las persistentes dudas sobre el rigor de los procesos internos han ensombrecido la labor institucional. Algunos procesos han terminado afectando algo aún más importante que un indicador de gestión: la confianza. Y sin confianza no hay política científica sostenible.

Mientras la institucionalidad científica se ha estancado, los retos estructurales y coyunturales que enfrenta Colombia son de magnitud sin precedentes. Un primer ejemplo es la coyuntura actual. Hoy somos testigos de una de las tragedias naturales más devastadoras de las últimas décadas, un desastre que pone de manifiesto nuestra vulnerabilidad climática y territorial. Solo a través del método y de la investigación comprenderemos con rigor la causalidad de esta magnitud y sabremos, con evidencia, cuáles son los riesgos que deben mitigarse durante la fase de reconstrucción. Afortunadamente, nuestra comunidad académica está respondiendo al desafío. Los investigadores colombianos están construyendo una “ciencia criolla” rigurosa; los científicos están levantando datos locales, calibrando modelos hidrológicos y climáticos propios y diseñando soluciones tecnológicas adaptadas a la geografía nacional para proveer respuestas precisas a estas contingencias.

Otro ejemplo es la apremiante necesidad de abordar la transición energética. Este proceso exige una transición técnica y económicamente viable que requiere la formulación de políticas fundamentadas en ciencia y una coordinación estricta bajo el modelo de cuádruple hélice: Universidad, Empresa, Estado y Sociedad. A esta matriz de articulación es fundamental adicionar la sostenibilidad como eje transversal y la necesidad de entender y asimilar la digitalización de los procesos productivos.

Pese a este panorama de incertidumbre reciente, se percibe un horizonte de esperanza con el inicio de la gestión del nuevo equipo directivo del Ministerio. La ministra Claudia Benavides proviene de los actores del sistema y demuestra entender la complejidad estructural del ecosistema y el rol indispensable de cada uno de ellos. Es una señal de rigor y sensatez que esté integrando a su equipo de trabajo a académicos de prestigio y a expertos probados del sistema CTI para que la acompañen en esta ardua labor de reingeniería institucional.

El camino hacia adelante está claramente trazado y demanda eficiencia, como lo plantean diversos expertos, quienes exigen más institucionalidad y estrategia para la ciencia. Colombia debe articular el sistema, incrementar la asignación de recursos garantizando su ejecución óptima, proteger y expandir nuestro talento científico y construir instrumentos de política transparentes que permitan apalancar proyectos para resolver los problemas estructurales. Deben utilizarse las regalías como un verdadero motor de impacto y comprometer al Estado a aumentar la inversión pública en ciencia hasta alcanzar un piso de 1% del PIB, que debe actuar como catalizador para movilizar, al menos, un 1% adicional del sector privado. Hay que construir la confianza en la ciencia en Colombia.
Por eso Colombia no necesita solamente más científicos. Necesita un Estado que piense científicamente sus grandes decisiones.

La oportunidad está ahí. Tenemos universidades, investigadores, empresas, jóvenes talentosos y una biodiversidad que constituye uno de los mayores laboratorios naturales del planeta. Lo que falta es convertir esa capacidad en una verdadera prioridad nacional. Es la hora de la ciencia en Colombia.

Conozca los beneficios exclusivos para
nuestros suscriptores

ACCEDA YA SUSCRÍBASE YA

MÁS DE ANALISTAS

ÚLTIMO ANÁLISIS 18/08/2026

En busca de victorias tempranas

En el 2022 argumenté que Gustavo Petro iba a resultar lo PEOR que había visto Colombia en su historia. No me equivoqué

ÚLTIMO ANÁLISIS 21/08/2026

Del consumo público a la inversión: el reto del próximo gobierno

En pesos corrientes, el gobierno consume (16,5% del PIB en el trimestre) más de lo que el país invierte (15,5% del PIB en inversión fija)

ÚLTIMO ANÁLISIS 18/08/2026

La proeza de “La Buena” EPS

La Corte Constitucional identificó fallas en la información y en la metodología utilizada para calcular la prima y declaró insuficiente la UPC fijada para 2024. En 2026, el debate técnico y judicial sobre su suficiencia sigue pendiente