La pandemia cogió al mundo por sorpresa y la Navidad no está siendo ajena a ella; con extrañeza vemos cómo las ciudades disminuyeron sus iluminados, las casas redujeron sus decoraciones y las novenas proponen hacerlas virtuales.

La fiesta de Navidad conmemora el nacimiento del Salvador; esta festividad reemplazó los saturnales en la cual, debido a la cosecha entre los romanos, se intercambiaban regalos y tenían una semana de celebración que culminaba el 25 de diciembre con el Natalis Solis Invicti o nacimiento del sol. El cristianismo reemplazó dichas celebraciones y fijó la misma fecha como el nacimiento de la luz del mundo.

Son bastantes las tradiciones que se han ido incorporando a este hecho, pero a su modo, en el mundo occidental es una época de familia y de paz. En Colombia estas festividades tienen mayor fuerza debido al folclor que la rodea e históricamente hasta la violencia en la época de guerrillas se ve disminuida.

Esta navidad está siendo recibida con mucha cautela; los contagios por el covid 19 aumentan a una tasa de 10.000 infectados en promedio por día y el gobierno hace un llamado a seguir evitando aglomeraciones y reuniones familiares; por ello la alcaldía de Bogotá, que le teme más a las novenas que a las marchas, propone hacerlas virtuales. Pareciera esta navidad no fuera a tener vida, aparte de algunas casas con lucecitas.

Sin embargo, en medio de estas dificultades es cuando mayor sentido puede traer esta celebración. La feliz navidad estará acompañada, más que de regalos, de abrazos; aquellos que no se pudieron dar en todo el año deberían cobrar un especial significado; también el sentido de la solidaridad. Este mes miles de personas dedican unas horas al trabajo voluntario en distintas instituciones sociales regalando lo más valioso: tiempo.

Ese tiempo dedicado a los demás es la mayor riqueza que puede traer esta festividad; miles de niños recibirán regalos de personas que se preocupan por ellos, otros recibirán alimentos, enfermos tendrán visitas, abuelos rezarán novenas acompañados y así un sinnúmero de labores sociales se estarán realizando a pesar del miedo al virus.

La voluntad de ayudar al prójimo es el mayor recurso que puede salir en esta Navidad atípica y curiosamente ese espíritu de solidaridad cobra vida en la festividad.

Varios mandatarios en su afán “progresista” han tratado de desdibujar el espíritu de la navidad incluyendo obras de otras culturas y hasta diablos iluminados, pero la tradición dentro de las familias se mantiene; la Navidad atípica debe invitar a quienes no se han animado a compartir un poco o mucho de lo suyo, a que se decidan, al menos a hacer una llamada a quien se encuentre solo; esperar a que el Estado llegue con un mercado o un juguete es en vano, la sociedad debe moverse hacia la solidaridad: solo así durante unas horas el mundo podrá sonreír.