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Justicia para Colombia

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Han sido comunes los escándalos en Colombia por la falta de justicia. Hasta hace poco murió el testigo principal en el caso de Obedrech junto con su hijo y apenas se nombra fiscal ad hoc; puesto que el principal parece tener problema de incompatibilidad.

Aristóteles señalaba que la justicia es dar a cada uno lo que se merece, pero con el tiempo dicho precepto se ha ido cambiando. Nada mas hay que mirar cómo la famosa justicia alternativa de la JEP ha tratado con tanta laxitud a las Farc en el proceso de paz o como narcotraficantes por confesar apenas pagan unos años de cárcel.

Impartir justicia tradicionalmente según la teoría liberal clásica está a manos de la rama judicial. Esta se pronunciaba a manos de sentencias y autos y tuvo una época en ser considerada la corte de oro, en donde sus fallos eran fuente de derecho y materia para ser estudiada en las facultades. Con el asesinato de los magistrados en la toma del palacio de justicia se perdieron grandes juristas y su falta ha sido notable. La constituyente del 91 creó la Corte Constitucional y dividió las cortes. Dicha Corte, la consitucional, tenía la potestad de interpretar la Constitución, sin embargo con el tiempo sus funciones se han ido prolongando y desde hace unos años se le critica por: “legislar” puesto que ordena mediante sentencias el cumplimiento de determinadas políticas públicas o la creación de las mismas como es el caso de la dosis personal, el matrimonio igualitario o la solución del problema de hacinamiento de las cárceles.

Estas funciones aunque criticadas fueron valoradas por un segmento de la opinión pública, sin embargo ahora cuentan las cortes con una imagen negativa alta y es gracias a la percepción de algunos fallos políticos, pero sobre todo porque no se percibe justicia. Es ya normal para muchos ver a un criminal que la hace y no la paga, algunos gozan de especial inmunidad y después de una vida llena de crímenes se encuentran en el congreso, otros desfalcan al Estado y a los pocos años están gozando de sus robos. La tasa de impunidad superior a 90% explica también ello y por eso se ha vuelto frecuente ver casos de justicia por mano propia.

En estos momentos para el gobierno es urgente hacer una verdadera reforma a la justicia en donde cese el choque de trenes en las cortes, se garantice celeridad de la misma y sobre todo que las personas vuelvan a ver una institución fuerte que realmente hace valer los derechos de las personas y exige respeto por la propiedad privada.

Una reforma sin modificar el Consejo Superior de la Judicatura, bastión burocrático de la rama, es inadmisible, como también lo es soluciones tibias que no toca de fondo la forma de crear derecho en el país. Una patria sin justicia es una patria incompleta, loable labor tiene el ejecutivo de revivir si no una Corte de Oro, si una corte que imparta justicia para Colombia.

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