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La vida es un viaje lleno de altibajos, y en ocasiones, las personas pueden encontrarse con momentos oscuros que parecen interminables. En esos momentos de tristeza y depresión, es vital recordar que no se está solo; contar los problemas es un acto de valentía y autocuidado. No hay nada de qué avergonzarse; de hecho, acudir a terapia o buscar apoyo emocional debería ser algo normalizado en la sociedad.
Hace unos días, durante una reunión entre amigos, surgió una conversación valiente y honesta cuando uno de ellos expresó su batalla contra la tristeza y la depresión que lo aquejaba desde hacía meses. Otro amigo manifestó temor y rechazo a buscar asistencia profesional, prefiriendo enfrentar solo sus luchas internas. En Colombia existe un cierto temor a expresar los sentimientos, pareciera que aquello es un signo de debilidad y desafortunadamente en el país hay mucho dolor acumulado. Según la OMS, solo en Estados Unidos hay más de 17 millones de personas con problemas de depresión, y según el Dane, 4,7% de los colombianos padece del mismo problema.
Alentar a los demás a buscar ayuda es un acto de empatía y solidaridad. Reconocer que todos, en algún momento, atraviesan situaciones difíciles, es fundamental para acabar con el estigma social que rodea a la salud mental. La depresión no debe ser motivo de sanción o vergüenza. En cambio, se debe construir una cultura en la que se aliente la búsqueda de ayuda, en la que se brinde apoyo incondicional y se fomente la comprensión.
Hay dos pilares que ayudan a superar la oscuridad por la que pasan las personas: la fe y los lazos familiares y de amistad. La fe puede proporcionar consuelo y esperanza, haciéndonos sentir que no estamos solos y que la vida tiene un propósito superior; incluso que hay alguien en el camino que nos cuida y ha sido un remedio efectivo contra el sufrimiento. Los lazos familiares y de amistad ofrecen un refugio en el que nos ayudan a compartir las cargas. No significa que vayan a solucionar los problemas, pero van a estar ahí con su compañía, su solidaridad y a veces con el mejor antídoto que es una sonrisa.
A veces, la tristeza se vuelve tan profunda y persistente que se convierte en un problema de salud mental que requiere de un tratamiento especializado. La familia y amigos pueden ayudar a dar ese empujón para buscar ayuda profesional y así encontrar el faro que guíe a una persona en medio de la oscuridad. Los terapeutas y profesionales de la salud mental están capacitados para enfrentar el problema. Permitirse recibir esa ayuda es un acto de amor propio y una inversión en el bienestar a largo plazo.
No se debe olvidar que la depresión y la tristeza son condiciones temporales y tratables. Con el apoyo adecuado, se superan esos momentos oscuros, pero para ello se requiere valentía, saber expresar los problemas y entender que no se está solo; son millones de personas las que pasan por esos momentos y por ello es necesario combinar la ayuda profesional con la creencia en Dios y el apoyo de familiares y amigos. No hay una receta única, pero esta combinación ha demostrado ser poderosa para encontrar la luz en medio de la oscuridad. Lo grave de no buscar ninguna ayuda y considerarse valiente por estar solo, es que la oscuridad se puede volver eterna.
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