Con preocupación he leído varios artículos sobre el peligro del liberalismo económico frente a la situación de la covid 19. Las personas ante la pandemia se han refugiado en el Estado y muchas solo claman una solución por parte de él; un amigo economista, notando el mismo hecho, señalaba que hoy son vistos como locos aquellos que defienden el libre mercado y el capitalismo.

No existe una fórmula mágica para lidiar una crisis; hay pasos y metodologías desarrolladas, pero una pandemia que afecta al mundo entero, trastoca comportamientos y creencias. Los gobiernos tuvieron la tendencia de cerrar todo a su alrededor y para que esto fuera sostenible tuvieron que echar mano de sus ahorros e incrementar el programa de subsidios. Las empresas trataron de sostener sus operaciones, pero en determinados sectores fue sencillamente imposible; por ejemplo, los de entretenimiento, hotelería, viajes, arte, etc.

Ante el desespero, la primera solución fue acudir al Estado y éste intentó ayudar con lo poco que tiene facilitando préstamos, aplazando el pago de impuestos y otorgando subsidios de nómina entre otras ayudas, que resultaron insuficientes pues el gobierno no puede solucionar un problema de semejante magnitud.

Desafortunadamente tampoco existe una fórmula extraordinaria para volver a recuperar las empresas; sin embargo, algo nos ha enseñado la historia y hay varias acciones que deberían ser procedentes: la primera es terminar el derroche burocrático que dejó la presidencia pasada; hay que hacer un recorte generalizado en súper ministerios, asesorías, consejerías, consulados, incluso ministerios; ante el paupérrimo recaudo tributario que se avecina, no tendría lógica pedirle más a los colombianos cuando el mismo gobierno no da muestras claras de austeridad.

Después, antes de créditos y subsidios, debería haber un estímulo a las empresas con el recorte de los tributos y la simplificación en la creación de las mismas; hoy a pesar de la “ley anti trámites” la autenticación de un papel sigue siendo requisito en muchos procedimientos.

Se avecina un año complicado en el cual distintos líderes abogarán por un Estado más amplio, con promesas de más subsidios, con cantos de sirenas a empresarios desesperados. El desempleo y la ruina de las empresas es la mejor oportunidad para pedir un cambio de sistema, pues cualquiera, ante el caos, anhela una mano paternal que ayude a salir del problema; desafortunadamente el Estado no es una mano paternal pues sus recursos dependen de los mismos contribuyentes, por ello no es buen momento para pedir más gobierno, sino para estimular más ingenio y libertad para hacer negocios, un emprendedor solo quiere menos trabas, menos impuestos y mayor libertad. Es verdad que se ciñen nubes negras para la libertad económica, pero la solución puede ser peor que el problema: la renuncia a las libertades a cambio de un plato de comida.