.
Tribuna universitaria 07/11/2019

Ambientalistas de redes sociales

Ha caído en algunos sectores muy mal la medida que se piensa implementar sobre la regulación de la caza de tiburones; dicho animal es especialmente apetecido en la gastronomía oriental y actualmente en el mundo se cazan y se exportan toneladas de él.

La caza y pesca de animales es un problema que se considera recientemente. Malthus en la mitad del siglo XIX señaló que el hombre por su afán de riqueza, depredaría todo a su paso y de no controlar, la población y su egoísmo podría desaparecer con el tiempo. Exagerado o no, su planteamiento ayudó a concientizar el cuidado del mundo donde vivimos y hasta ahora se empieza a tratar de preservar especies, que con seguridad habrían desaparecido.

El ser humano durante siglos pensó que poseía recursos ilimitados y por ello explotaba y cazaba indiscriminadamente; los daños y la extinción de miles de especies lo llevaron a estrellarse con una realidad: poseemos recursos finitos y de no hacer algo podríamos acabar con todos ellos, incluso dañar nuestro propio mundo.

Con los recursos naturales tenemos un problema llamado la tragedia de los comunes; Garret Hardin lo describió en 1968 y consiste en que un recurso público, al ser de todos y llevar solo una pequeña carga del costo, tiende a ser sobre explotado hasta desaparecer; el incentivo es que de no hacerlo yo otra persona lo aprovechará.

La solución viene en dos líneas: una es la regulación estatal en la cual el Gobierno fija unos límites y controla la explotación; ella tiene el problema de que no hay incentivos para ser más eficiente, pues el límite viene impuesto. Otra es la privatización: el recurso es dado a particulares, a quienes interesa obtener ganancias y seguir explotándolo; por esto tenderán a preservarlo y maximizarlo porque cargan con toda la responsabilidad; por lo tanto. asumen el costo o la ganancia de sus decisiones.

La resolución de la caza de tiburones viene de años atrás, en Colombia está prohibido el “aleteo” que es cortarle la aleta al tiburón y abandonarlo en el mar; la regulación pretende poner topes a la casa artesanal y como lo señala el Dr. Andrés Navia, la demanda del producto hace que el mercado negro se mueva y la pesca del tiburón siga a pesar de cualquier control estatal.

Es fácil rasgarse las vestiduras ante la moda y utilizar otro tema para atacar al actual Gobierno; lo cierto es que ni los tiburones son el principal tema ambiental, ni su regulación es la peor; la mayoría, fruto de una indignación colectiva, la utiliza como un motivo para nuevas protestas; por ejemplo, es más grave la pesca de langostas, caracol pala o la mortandad de peces en un atentado a un oleoducto. Tantos improvisados ambientalistas solo protestan por un puñado de titulares.

La conciencia del cuidado de nuestro mundo crecerá, pero el debate merece tener mayor seriedad; por lo pronto el Gobierno debe mejorar su comunicación y atender los grandes problemas; de lo contrario seguirá en polémicas que solo lo debilitarán.