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¿Y si viajar se vuelve como jugar?

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Juan Isaza

El otro día viendo un video de lo que viene para las consolas de videojuegos, mostraban animaciones increíbles de montañas, playas y templos antiguos. Algunos, de hecho, indican que, para los usuarios de los videojuegos, el uso de estas plataformas se convierte en una forma de viajar. Con imágenes reales o animaciones casi perfectas, que permiten ver los detalles o volar sobre los paisajes, es imposible evitar pensar qué pasaría si esta tecnología, además de los videojuegos, nos sirviera para reemplazar los viajes. Si sumamos tecnología de realidad virtual al mundo del turismo es obvio que podríamos llegar a tener una calidad de experiencia en la que viajar sea técnicamente idéntico que vivirlo con la ayuda de la tecnología. ¿Qué pasaría si viajar termina siendo algo que la gente pueda hacer sin salir de casa?

Ante tal pregunta, millones de personas saltan indignadas. Dirán que la experiencia de viajar no se puede reemplazar; que viajar es mucho más que “ver cosas” o “visitar lugares” y que caminar las calles de París o ir al Parque Tayrona no se puede reemplazar con unas gafas. Yo estoy de acuerdo. Viajar es toda una experiencia que impacta los sentidos estimulando cada parte de nuestro cuerpo y nuestra mente. Sin embargo, tratemos de pensar por un minuto, las implicaciones que tendría el hecho de que de viajar no signifique desplazarse.

Viajar se volvería algo que podríamos acomodar en una tarde o en la mitad de la semana, sin importar qué tan lejos queramos ir. Quizás los científicos demuestren que los beneficios mentales e incluso físicos que hoy se le asignan al hecho de tomar vacaciones puedan también generarse con los viajes virtuales. Esto sin mencionar cuánta gente podría acceder a algo que hoy es visto como altamente excluyente. Sabemos que el número de colombianos que viaja al exterior no llega a 8%. Problemas de seguridad o los temores de muchos para viajar podrían resolverse. Los lugares (entendidas las ciudades y países cada vez más como marcas) podrían cobrar por el derecho a usar las imágenes de sus territorios en las plataformas de viajes virtuales y así el impacto económico para los destinos no sería tan grande. Adicionalmente, es fácil suponer que no se tendría que reemplazar totalmente un viaje sino que la experiencia virtual podría complementarlo o incluso usarse como una herramienta de marketing que lleve a más gente a querer viajar al lugar real.

Yo creo que, al turismo, como a todas las industrias, les vienen muchas más disrupciones. Airbnb fue solo el comienzo. Las aerolíneas por más cambios que han tenido en su modelo de negocio, igual siguen operando de manera similar a como lo han hecho siempre. Igual ocurre con los sitios turísticos, los museos, los resorts o las excursiones. La transformación digital de muchos de los componentes del mundo del turismo aún tiene oportunidades de reinventarse. Las transformaciones digitales significan acceso, eficiencia y la posibilidad de atender nuevas necesidades. Tres factores que para el mundo del turismo como lo conocemos hoy tienen mucho sentido. Un mundo de viajes virtuales suena difícil de imaginar pero no imposible. Quizás todo comience con una pregunta simple pero retadora: ¿Qué pasaría si en el futuro, el concepto de viajar no significa trasladarse físicamente sino que se convierte un sinónimo de experimentar con lugares?

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