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¿Trinar o no trinar?

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Juan Isaza Estratega de comunicación

El New York Times hacía recientemente un análisis sobre los 11.000 tweets que ha publicado Donald Trump desde que llegó al poder. Se puede estar de acuerdo o no con el uso que el presidente norteamericano hace de Twitter, pero lo que nadie niega es que ha creado un nuevo estilo y, como en muchas otras cosas de su administración, le ha dado a la figura presidencial un tono y una manera que hasta ahora era totalmente desconocida en las grandes democracias occidentales: despedir funcionarios, apoyar teorías de la conspiración o hablar de sus propios negocios con trinos en vez de los tradicionales comunicados de prensa.

Es curioso porque mientras muchos presidentes dejan hoy Twitter a cargo de algún asesor, Trump trina a espaldas de sus asesores. En el citado análisis, se demuestra que las ‘horas pico’ de sus trinos son las no laborales, es decir, justamente cuando no está cerca de sus funcionarios. Al comienzo del gobierno, oficiales de la Casa Blanca consideraron solicitar a Twitter que los trinos del presidente no se publicaran hasta 15 minutos después de ser emitidos con el fin de hacer una revisión, pero la medida nunca se adoptó y hoy, como cualquier usuario, las palabras de Trump se disparan sin filtro alguno.

Y es que esa es la forma cómo funciona hoy, y quizás funcionará de ahora en adelante, la política. Es decir, no con el estilo de Trump (¡esperemos que no!). Me refiero a que será en tiempo real y sin mediaciones. Hoy el ciudadano puede saber exactamente lo que piensa su gobernante sin tener que esperar a que se lo cuenten los medios.

Es cierto que los medios tienen mucha más cobertura, pero ya no tienen en exclusiva la voz de la fuente. Y esa es una diferencia no menor. Desde marzo se dejó de hacer el reporte diario que daba el secretario de prensa, ritual que por décadas fue la forma cómo los medios (y, por tanto, los ciudadanos) se enteraban de lo que pasaba con el presidente de Estados Unidos. Estamos en un mundo sin intermediarios y éste, es otro ejemplo contundente.

Ahora, esto no quiere decir que Twitter sea positivo o que funcione en favor de los gobernantes. Casi la mitad de los trinos de Trump han sido para atacar a alguien o a algo, y aunque esos son los que logran mayor número de “likes” (lo cual se explica por el nivel de polarización), no significa que le sirvan al presidente ni a su gobernabilidad. Según un estudio de YouGov, citado por el Times, los tweets que tuvieron más “likes” fueron los que recibieron la mayor desaprobación tanto por parte de demócratas como de republicanos. En cambio, aquellos considerados como “pronunciamientos” fueron los mejor recibidos.

En resumen, aunque hoy los gobernantes y los líderes tengan la opinión pública a un tweet de distancia, muchos no lo aprovechan o no lo hacen en su beneficio. Tener la voz directa con la ciudadanía puede jugarles en contra. En Colombia pasa también. Así se vio en las recientes elecciones de mandatarios locales. No es secreto que algunos de los candidatos que menos opción tenían se crecieron con los tweets de líderes políticos que, buscando desaprobarlos, terminaron por hacerlos populares. ¿Será que tener a través de un tweet la voz directa de un gobernante es la forma más auténtica de gobierno o, por el contrario, será algo que le suma al “show” pero le resta a la gobernabilidad?

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