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Analistas 14/03/2023

¿Se extinguirán los creativos?

Juan Isaza
Estratega de comunicación

El auge de ChatGPT nos ha puesto sobre la mesa aquella pregunta famosa: ¿podrán las máquinas reemplazar al hombre en tareas creativas? Ya lo hacen en labores que requieren fuerza, precisión o manejo de una inmensa cantidad de datos. Hemos oído muchas veces que las herramientas digitales que usamos tienen el apoyo de la inteligencia artificial y quizás hemos resuelto algún tema de servicio al cliente con el soporte de un robot.

Pero ChatGPT es diferente. Sobre todo, cuando hemos podido ponerle a prueba en tareas muy complicadas como escribir la receta del ajiaco santafereño a manera de un poema en inglés o describir el procedimiento para un trasplante de médula ósea a manera de canción de cuna, o un millón de solicitudes que van mucho más allá de la búsqueda de información, y que requerirían mucho tiempo y talento no sólo para obtener la información sino para armar redactar, componer o afinar. Todo esto, en cuestión de segundos y con un manejo impecable del idioma.

Así que en las industrias creativas hay una mezcla de fascinación y pánico. ¿Cuándo podrá ChatGPT escribir todos los textos de una campaña y cuándo Stable Diffusion podrá crear todas las imágenes? Muchos sentencian que es el final de la carrera para los creativos que hoy dedican sus días a escribir textos, componer canciones, diseñar anuncios, folletos o a editar videos. Otros, más recursivos han encontrado en estas herramientas una ayuda para agilizar y simplificar el trabajo creativo por medio de la generación de opciones sobre las cuales decidir o construir, o para minimizar el tiempo de recolección de información necesaria antes de la creación.

Creo que hay dos puntos importantes que nos recuerdan que la creatividad humana siempre será necesaria. En primer lugar, no olvidemos que las plataformas de inteligencia artificial crean a partir de lo que ya se ha creado. Si le pedimos a Midjourney que cree la imagen del presidente de Estados Unidos como si fuera una obra de Warhol o de Picasso, pues es necesario que hayan existido Warhol y Picasso, y que ellos hayan creado estilos que son reconocibles. Es decir, la inteligencia artificial necesita de la creación humana. De hecho, hay una discusión importante sobre derechos de autor en este sentido.

El otro punto importante es que al basarse en lo que ya existe, la inteligencia artificial nos ayuda a explorar opciones y a conectar puntos. Pero difícilmente rompe los esquemas. Es muy probable que la gente siga confiando en alguien a quien considera experto y valore aquello que venga legítimamente de un humano que quizás comete errores, o tiene desaciertos pero que tiene sentido común y empatiza mejor (al menos por ahora) con otros humanos. No olvidemos que la creación artística se caracteriza por romper reglas. La inteligencia artificial, en la mayoría de los casos, conecta puntos buscando generar una idea que cumpla con los parámetros establecidos. La mente creativa, en cambio, puede hacer algo que no se parezca a nada existente.

Pero las industrias creativas tienen hoy más que nunca la obligación de incorporar herramientas de inteligencia artificial y ponerlas a trabajar a su favor. Hace algún tiempo escuché una frase que decía: “Tu trabajo no te lo va a quitar una máquina, sino alguien que maneja mejor la máquina”. Creo que hoy cobra absoluta vigencia.

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