En el corto plazo, el modelo norteamericano gana velocidad e influencia en su política industrial. En el largo plazo, el europeo intenta sentar las bases normativas y éticas del futuro
Y Venezuela es el laboratorio perfecto: una economía ya dolarizada, banca débil, alta adopción cripto y cero confianza en la moneda local (la inflación interanual a marzo de 2026 va en 649,5%)