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Analistas 09/06/2021

Doña Eugenia

Juan Gossaín
Periodista
La República Más

Me llega la dolorosa noticia de que acaba de fallecer uno de los recuerdos más gratos e inolvidables de mi vida. Su nombre completo era María Eugenia Gaviria de Ardila, pero ella siempre prefirió que la llamaran Eugenia. Así era su sentido de la sencillez, del afecto, de la ternura. Un ser humano conmovedor y al mismo tiempo fascinante.

Era discreta y sonriente al mismo tiempo. Tenía la verdadera belleza no solo en su rostro sino sembrada, también, en el corazón y en la mente, como las damas auténticas de la antigüedad, que eran fuertes sin dejar de ser cariñosas, educadas y al mismo tiempo amables, afectuosas y serias a la vez.

A ella, a su marido, a sus hijos, tuve ocasión de tratarlos en la cálida intimidad del hogar y por eso mismo, ahora que doña Eugenia ya no está con nosotros, puedo decir que su recuerdo está más vivo que nunca en nuestra memoria, en nuestros corazones y en nuestra gratitud.

Los griegos antiguos consolaban su vejez diciendo que los tiempos pasan y que los sueños cambian. Pero yo creo, en cambio, que cuando uno siente que está vivo en su alma el recuerdo de personas como Eugenia Gaviria, lo que confirma es que en esta vida hay algunos seres humanos cuya presencia nunca se olvida. Se siembran para siempre en nuestra alma.

Parece una paradoja, un contrasentido en sí mismo, pero esas personas a veces nos traen recuerdos que ayudan a vivir. Por eso, en estos días, he evocado a Eugenia Gaviria de Ardila y he llegado a pensar, precisamente, eso mismo que acabo de decir: que hay personas tan gratas que nunca mueren porque seguirán vivas para siempre en nuestra memoria. Y en nuestro corazón.