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Analistas 06/05/2021

Protestas y vandalismo

José Ignacio López
Director Ejecutivo Investigaciones Económicas en Corficolombiana

De la discusión de la reforma fiscal, el país transitó rápidamente al tema de orden público. El Gobierno, con un nuevo equipo económico a bordo, anunció a comienzos de esta semana el retiro oficial del Proyecto de Ley de reforma fiscal. Sin embargo, dicha noticia tuvo poco efecto y resonancia en las calles. Es claro que el descontento es más amplio y generalizado y que hay un déficit de confianza en la gestión tanto del Ejecutivo como del Congreso. No obstante, detrás del malestar, que ha motivado a un número importante de personas a participar en marchas pacíficas, se esconden, sin lugar a duda, fuerzas oscuras de vándalos que operan de forma organizada y sincronizada.

El vandalismo, y el caos y desconcierto que generan, tiene que ser ampliamente rechazado. El bloqueo de vidas, los ataques a la Policía, a los comerciantes y a la infraestructura pública no son admisibles en una sociedad que sigue anhelado dirimir las diferencias políticas e ideológicas por vías civilizadas. Tampoco es admisible que las fuerzas del orden se extralimiten en sus poderes. El país debe estar más unido que nunca frente a la tentación de algunos sectores de usar la protesta pacífica como excusa para suprimir el imperio de la ley, y por otro, buscar una solución donde la justicia se administre por mano propia. Es momento de un apoyo incondicional a las instituciones.

Esta coyuntura, si bien compleja y quizás desmoralizante, puede ser la oportunidad de buscar unidad frente a los consensos mínimos. Es momento de que los líderes políticos estén a la altura de las circunstancias y abandonen los hiper-cálculos electorales para buscar una concertación donde prime la protección de los derechos humanos, el fortalecimiento de las instituciones y de las fuerzas del orden, y la recuperación económica.

Un paso urgente es desbloquear las vías de acceso a las ciudades. Retirada la reforma, el gremio de los camioneros debería ser el primero en buscar un diálogo y no las vías de hecho, como el bloqueo de vías, que ya empieza a tener un efecto en los precios de los alimentos y puede poner en peligro la recuperación económica y la relativa buena dinámica del sector agrícola.

También puede ser el momento para que surjan nuevos liderazgos, que busquen unir, en lugar de dividir. El país tiene inmensos retos, pero al mismo tiempo tiene una oportunidad histórica de salir de esta crisis evitando un círculo vicioso de polarización que nos lleve a la falsa creencia de que no podemos trabajar juntos. El contexto externo es ahora más favorable para el país, dado el aumento de precios del petróleo en los mercados internacionales, la rápida recuperación de la economía de Estados Unidos, que podría tener un efecto positivo en las remesas que recibimos de dicho país, y una amplia liquidez en los mercados internacionales. Si aceleramos la campaña de vacunación, reabrimos las ciudades y evitamos la violencia urbana, podemos esperar un rebote económico importante que se traducirá en una mejora de las condiciones de vida, en particular de la población más vulnerable y de los jóvenes. Con relación a los últimos, debemos avanzar en las propuestas que estimulan el empleo juvenil y pensar en programas focalizados, como centros de recreación y capacitación, donde los jóvenes pueden encontrar espacios culturales, artísticos y donde puedan complementar sus habilidades, destrezas y conocimiento para acceder al mercado laboral formal.