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Analistas 23/09/2021

Después del rebote

José Ignacio López
Director Ejecutivo Investigaciones Económicas en Corficolombiana

Las cifras para el mes de julio reveladas recientemente por el Dane confirman que la economía colombiana retornó y superó los niveles de actividad económica pre-pandemia. El crecimiento de la economía en 2021 puede superar fácilmente el 8%, quizás el 9%. Ya varios analistas han empezado a revisar apresuradamente sus proyecciones. El rebote fue en V, a pesar de las renovadas olas de contagio y el estrepitoso frenazo de la economía en mayo con ocasión de las protestas y los bloqueos.

La pregunta que surge es ¿qué esperar para 2022 y más allá? si bien la incertidumbre frente a la pandemia perdura, vale la pena indagar sobre cuáles serán las fuentes de crecimiento después del rebote. ¿Qué tanto se crecerá una vez se vaya el efecto base que infla las cifras de crecimiento de este año al tener como punto de comparación un 2020 paralizado por cuarentenas?

Analicemos algunos elementos. Buena parte del rebote en actividad que estamos observado está basado en una recuperación del consumo privado. El consumo de las familias explica 7,7 puntos porcentuales de lo 8,9 que creció la economía durante el primer semestre del año. La inversión de las empresas contribuyó 1,5 puntos a dicha cifra.

Las cifras del segundo trimestre muestran que el consumo de los hogares en dicho período fue 4% superior al registrado antes de la pandemia. La inversión, por el contrario, y después de un trimestre agravado por los paros, se encontraba 18% por debajo de los niveles pre-covid.

Detrás del rebote del consumo de los hogares se encuentra un aumento significativo de las remesas de los trabajadores colombianos en el exterior, una rápida recuperación de la cartera de crédito de consumo, unos precios históricos de los precios del café, que irradian riqueza a un número importante de familias, y el efecto de un consumo postergado de las personas que conservaron sus empleos durante la pandemia, entre otros.

Esta recuperación, no obstante, resulta difícil de reconciliar con la dinámica del mercado laboral que muestra un faltante de 1,2 millones de empleos frente a los niveles pre-pandemia. Adicionalmente, una recuperación sin inversión puede fácilmente encontrar un techo.

Las importaciones de los bienes de capital han recuperado niveles similares a los de 2019, de aproximadamente US$1.300 millones al mes, en el rango de los US$1.000-US$1.500 millones que vimos entre 2015-2019, asociado a crecimientos cercanos a 3%, muy por debajo del intervalo US$1.500 US$2.000 millones de 2011-2015, cuando vimos tasas de crecimiento superiores al 5%.

Por el lado de las exportaciones estamos viendo una recuperación importante de los productos no tradicionales, con cifras cercanas a los US$1.500 millones mensuales, unos US$17.370 millones en acumulado 12 meses. Esta es una cifra alentadora.

No obstante, por el lado de las exportaciones de materias primas, en particular de petróleo, si bien estamos recuperando cifras acumuladas anuales de US$10.000 millones, todo indica que estaremos muy lejos de volver a los niveles superiores a los US$30.000 millones que vimos antes de la caída en el precio del crudo en 2015.

Estas cifras describen un panorama mixto, luces y sombras. La agenda debe transitar rápidamente hacia una discusión más allá de la recuperación y con miras en el crecimiento después del rebote. Esperemos que este tema haga parte central de la contienda electoral.