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Endogeneidades perversas

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Jorge Iván González - jorgeivangonzalez29@gmail.com

Cuando se reflexiona sobre la desigualdad, la primera pregunta evidente es ¿desigualdad de qué? Y dependiendo de la respuesta se juzga la conveniencia de una mayor o menor desigualdad. Está bien, por ejemplo, que haya desigualdad de talentos y de capacidades. Pero hay numerosas desigualdades que son inaceptables. Y la situación se agrava cuando una desigualdad alimenta a la otra, en un proceso endógeno perverso. El último Informe de Desarrollo Humano, Más Allá del Ingreso, Más Allá de los Promedios, Más Allá del Presente: Desigualdades del Desarrollo Humano en el Siglo XXI, pone en evidencia la diversidad de las desigualdades y la forma como ellas se retro-alimentan.

Comienza mostrando la mayor consciencia que existe en el mundo sobre la necesidad de mejorar la distribución del ingreso. Entre el 2000 y el 2010 hubo un aumento significativo del porcentaje de personas que considera que la desigualdad de ingresos debe disminuir. Y el descontento ha aumentado independientemente de las ideologías. De acuerdo con las declaraciones de los individuos, el Informe los agrupa en tres grandes categorías: izquierda, centro y derecha. Y en cada uno de los grupos, el descontento con la desigualdad ha aumentado.

Y las disparidades se manifiestan en muy diversos campos. Cuando se considera el conjunto de países, son significativas las diferencias entre los de bajo desarrollo humano y los de muy alto desarrollo humano. En esperanza de vida, la brecha es 59,4 años y 78,4 años. El porcentaje de la población que ha terminado la primaria varía de 42,3% a 93,5%. La proporción de quienes han terminado educación superior varía de 3,2% a 28,6%. La suscripción a telefonía móvil va de 67% a 131,6%. Y la conexión a banda ancha varía de 0,8% a 28,3%. Algunas de estas brechas se están reduciendo aunque a ritmos lentos. Otras se han ido acrecentando de manera acelerada. Las desventajas de van acumulando a lo largo de la vida, impidiendo que se rompan los elementos estructurales que están llevando a una mayor y más diversa desigualdad.

Y el liderazgo de las desigualdades le corresponde a la brecha de ingresos y de riqueza. Y la situación también empeora en los países del norte. Según Naciones Unidades, entre 1980 y 2017 los ingresos después de impuestos del 80% más pobre de la población europea crecieron 40%, mientras que los del 0,001% más rico, aumentaron en 180%. El panorama en los países del sur, y en América Latina, es más dramático.

Para el caso colombiano es relevante el estudio que acaban de publicar Luis Jorge Garay y Jorge Espitia, Dinámica de las Desigualdades en Colombia. En Torno a la Economía Política en los Ámbitos Socio-Económico, Tributario y Territorial. A partir de las declaraciones de renta se vuelve a poner en evidencia la profunda desigualdad que existe en el país. Es inaceptable que con diagnósticos tan claros, el Congreso siga aprobando la reforma tributaria que agudizará mucho más la concentración del ingreso y de la riqueza. El autismo es descarado.

Le harían mucho bien a la sociedad, que cada año la Dian, el Igac y la Bolsa de Colombia publicaran, respectivamente, los Gini de concentración de la riqueza, de la tierra y de la propiedad accionaria. Estos Gini, que son escandalosos, podrían contribuir, por lo menos, a reducir los discursos insulsos de los gobiernos que dicen luchar contra la desigualdad.

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