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Balance neto en subsidios e impuestos

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Estos días se ha hecho evidente en el país la preocupación por dos temas que son centrales. El primero, es la definición de una política general de subsidios. En este proceso está muy comprometido el Departamento Nacional de Planeación (DNP). Y el segundo, es la reforma tributaria. La reflexión sobre los impuestos ha recibido más atención en la opinión pública que el tema de los subsidios. No me voy a referir a cada uno, sino a la relación que existe entre los dos. El conocimiento del balance neto subsidios menos impuestos es fundamental para una buena gestión pública. Y para los hogares, el asunto es neurálgico porque determina su capacidad de pago. Las familias no hacen la suma, pero la sienten en sus decisiones diarias de consumo. Si los subsidios suben, la capacidad de pago aumenta; y si los impuestos crecen, la capacidad de pago disminuye. Sin duda, la calidad de vida de las familias está muy marcada por la forma como el balance impuestos-subsidios afecta el ingreso inicial.

El balance neto es el resultado contable de la siguiente relación: ingresos del hogar menos impuestos más subsidios. Esta contabilidad parece sencilla pero en las estadísticas nacionales no se le está haciendo seguimiento. Actualmente, no se sabe con certeza de qué manera la relación entre los subsidios y los impuestos se refleja en las condiciones de vida de las familias. Hay una especie de esquizofrenia en la forma como se evalúa el impacto de los subsidios y de los impuestos. El enfoque es parcial. Los programas que administran subsidios no miran los impuestos que pagan los hogares. Y la administración tributaria no tiene presente lo que sucede con los subsidios.

Cuando se hace la evaluación de programas como Familias en Acción y Más Familias en Acción, únicamente se analiza el impacto del gasto. Se concluye, por ejemplo, que el programa es bueno porque gracias a los subsidios las familias pueden adquirir más alimentos, mejoran la permanencia de hijos en el colegio, etc. Pero estas evaluaciones no se preguntan si los subsidios que se le dan a las familias compensan lo que ellas le entregan al Estado (nacional y local) vía impuestos (IVA, predial). Es factible que en su relación con el Estado la familia termine en déficit porque el monto de los impuestos resulta siendo mayor que los subsidios.

Las evaluaciones por el lado de los impuestos, también son parciales en dos sentidos. Primero, se mira la incidencia de cada uno de los impuestos como si se tratara de contribuyentes distintos. La progresividad del impuesto a la renta no se debería examinar por fuera de la incidencia de otros impuestos como el predial y el IVA. Si el impuesto a la renta es progresivo y el IVA no lo es, el resultado final puede ser regresivo. Y, segundo, la evaluación de los impuestos es parcial porque no incorpora en el balance de los hogares el impacto de los subsidios.

Para avanzar en el balance neto que tienen los impuestos (locales y nacionales) y los subsidios en la calidad de vida de las familias, se debe hacer un cambio sustantivo en las fuentes de información. La contabilidad actual, que resulta de las encuesta de hogares, es muy imprecisa.

El informe Sarkozy (en el que participaron Siglitz, Sen y Fitoussi) ha puesto en evidencia la necesidad de cuantificar el balance neto, que sería el punto de partida de una medida cercana al bien-estar de las familias. Este propósito no lo logran índices agregados como el PIB per cápita, o el índice de desarrollo humano.

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