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Ordóñese de la risa

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La decisión de mitad de semana del Consejo de Estado sobre anular la reelección del Procurador Alejandro Ordóñez, llega en un momento álgido y tenso, en el que el país está enfrascado y polarizado entre los que apoyan el Sí y el No del próximo plebiscito del 2 de octubre. Nada más desafortunado para la democracia que las cosas se mezclen, pues caemos todos en verdades a medias y en señalamientos que entorpecen el debate. El discurso de despedida muestra que Ordóñez, tiene a partir de la decisión, un gran caballo de batalla para su candidatura presidencial. 

Sus posiciones religiosas radicales y su abierto enfrentamiento con algunas minorías terminarán por diluir la candidatura, pero hoy se puede decir que de todas maneras va a tener sus apoyos y sacará eventualmente, si se lanza, una importante votación. Somos un país de mayoría conservadora en el pensamiento, y en algunas regiones coinciden con sus posturas, por decirlo de alguna manera tradicionales, de la vieja escuela.

Su gran conexión y empatía con algunos sectores de derecha de nuestra sociedad, se dió con las destituciones a la exsenadora Piedad Córdoba y alex alcalde de Bogotá, Gustavo Petro. Ordóñez identificó personajes polémicos e impopulares en ese segmento de la población y se despachó de frente con decisiones que, desde los ojos de hoy, tienen un alto componente político más que técnico. Cabe decir que destituyó a funcionarios de varias corrientes políticas y es el Procurador que ha tenido un mayor número de servidores investigados, destituidos e inhabilitados de toda la historia. 

Dos grandes errores se cometieron por parte de Ordóñez en su mediático paso por la Procuraduría. El primero fue mezclar el deseo personal con la realidad nacional, con un explosivo y peligroso ingrediente como la religión. Colombia es un estado que desde 1991 es laico, es decir que no tiene conexión directa con ninguna religión, y se supone hay libertad de fe y opiniones espirituales. 

En las entidades públicas a veces se olvida esta nueva realidad, y en colegios, universidades y otros espacios, la mayoría de católicos no han caído en cuenta que ahora las minorías cristianas, y de otras religiones, cada vez han ganado mayor número de adeptos en el país.  Debo decir también que he observado con el paso de los años, que una gran proporción de los que dicen ser católicos no lo son realmente, al menos no practicantes de tiempo completo. Domingo a domingo observa uno menos gente asistiendo a las iglesias y hay quienes solo son católicos para celebrar un bautizo, primera comunión, matrimonio o funeral. De resto nunca se aparecen por los servicios religiosos, o llevan años sin abrir una Biblia. Es decir, son católicos en la teoría únicamente.

El segundo gran error de Ordóñez fue el de extralimitarse en el ejercicio de la opinión, en temas que no le competen a la Procuraduría. Los hábiles reporteros de los medios siempre supieron que era un personaje que fácilmente entregaba titulares. Las frases explosivas, llevadas al extremo, pueden llevar a límites como los del candidato Donald Trump. Exagerar las frases divisorias, sólo para salir mencionado, expone a la figura a volverse más una caricatura que otra cosa. Los colombianos que no están con Ordóñez, (un número tampoco despreciable) lo molerán fácilmente en el discurso político por frases del pasado que le van a cobrar. Ayer mismo algún analista lo asoció al popular “Ordóñese de la risa” del cual va a ser difícil desmarcarse. 

El Consejo de Estado acaba de inaugurar la carrera presidencial, lanzando con el fallo a Alejandro Ordóñez como candidato. Tendrá duros opositores, del mismo partido conservador, como Martha Lucía Ramírez. Lo novedoso es que Colombia, como hace décadas no sucedía, vuelve a tener un candidato religioso. Mezclar política y religión es una fórmula que creíamos había desaparecido en el siglo pasado. Lo grave es que históricamente eso ha estado correlacionado con violencia. ¡Dios nos guarde!

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