El primer debate presidencial en Estados Unidos dejó muchas inquietudes y un sabor de amargura e impotencia en muchos votantes norteamericanos indecisos. Urge una modificación a las reglas. En los encuentros que faltan en este último mes antes de las elecciones, todo el planeta está a la expectativa de saber si Donald Trump es reelegido o no.

Los impactos económicos de ese evento de final de un 2020 para olvidar, podrían permanecer por años, ya que están en juego múltiples industrias y varios continentes. Veremos un octubre muy volátil en cuanto a tasas de cambio, incluyendo a las monedas más fuertes. Me atrevería a decir que hasta antes de la elección, Colombia estará probablemente con una tasa de cambio por encima de $4.000 sostenida de corto plazo.

Del debate, manejado para televisión de una manera demasiado decente, condescendiente y amable por parte del moderador Chris Wallace, solo queda que Trump logró su objetivo: sabotearlo del todo. Desde un principio se dedicó sistemáticamente a interrumpir a Biden en sus explicaciones. Sencillamente Wallace no fue capaz de poner orden.

Al final, los votantes indecisos se quedaron sin el contenido primordial. Hoy no se conocen los detalles de temas económicos que requieren urgente reforma por la coyuntura del coronavirus. El punto de toda discusión en vivo en televisión es lograr cautivar a los indecisos, ya que los disciplinados republicanos, así como sus contrincantes ya definidos, tienen claro el voto y no lo van a cambiar en el último mes.

Lo que sí puede llegar a afectar al Partido Demócrata es que haya desilusionados que se sientan derrotados con anticipación y entonces no salgan a votar. La campaña más importante de Biden debe estar orientada a atacar esa posible abstención que puede ser demoledora. Trump está jugando a eso, a ganar por desgaste, por inercia, evitando que se volteen votos de última hora.

Los organizadores de los próximos debates anunciaron que habrá silencio en los micrófonos y reglamentos más estrictos. Biden y su equipo de asesores, en el próximo debate de la Florida el 15 de octubre, deben dejar claras las líneas rojas con el presidente Trump antes de comenzar. El siguiente moderador es Steve Scully de 60 años, presentador del canal C-SPAN. Scully cuenta con amplia experiencia profesional y un destacado currículo académico.

El debate final se desarrollará en Nashville, Tennessee, el 22 de octubre y la moderadora será Kristen Welker de NBC, corresponsal que cubre temas de la Casa Blanca hace varios años. Esperemos que tanto Scully como Walker logren mantener el orden y permitan que Estados Unidos y el mundo tengan claras las propuestas sobre salud, gasto público y otros temas comerciales sensibles que al final nos terminan afectando a todos los habitantes del planeta.

El desarrollo de la negociación con China, las relaciones con el Reino Unido después de un Brexit sin acuerdo, la guerra de divisas y la liquidez son temas de interés mundial. No es momento de oír a dos adultos mayores diciendo necedades y cayendo en lo más bajo de ataques personales. La campaña ya se volvió una Torre de Babel y lo más grave de todo es que habrá candidatos en el futuro en otros países que van a seguir la estrategia, si es que Trump sale ganador nuevamente.