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La mentira argentina

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Con la reciente amenaza del FMI se formaliza una advertencia que los analistas económicos venían haciendo en escenarios multilaterales y notas periodísticas: los expertos insistían en que los datos macroeconómicos de Argentina son falsos. En los temas de indicadores económicos es normal que existan márgenes de error y pequeñas discrepancias estadísticas. Lo que ocurre en Argentina es más grave, pues la entidad que maneja las cifras del estado ha venido entregando información falsa, que procura minimizar el tamaño de los problemas que padece el país.

 
Existen indicadores líderes y toda otra serie de instrumentos estadísticos usados por analistas y por el sector privado que permiten afirmar que los números del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) están distorsionados.  Según declaraciones del exministro de economía argentino Roberto Lavagna, el Indec ha falseado datos desde 2007. Se habrían modificado las estadísticas de precios (inflación) y del nivel de producción (PIB). El Indec publicó en enero pasado que la inflación de 2012 fue de 10,8%, mientras los analistas económicos señalaban que fue superior a 25%. De acuerdo con analistas del gobierno de Cristina Fernández, como el expresidente del Banco Central, Alfonso Prat Gay, el gobierno ha utilizado la dependencia del Banco Central para realizar emisiones que crecen a una tasa de 40% anual y así sostener su política de subsidios. Esta política ha generado un creciente fenómeno inflacionario, que debe ser encubierto si se quiere seguir con esos niveles de gasto público.
 
Estatutariamente está contemplado que las violaciones flagrantes a los compromisos de los miembros del FMI les podrían arrojar incluso la salida del Fondo. De momento, la advertencia aún no se traduce en sanciones específicas. Sin embargo, es probable que si no hay mejoras para noviembre de 2013 (cuando haya nuevo comité ejecutivo) se tomen medidas como la supresión de los derechos de voto o que se cierren las líneas de acceso a los recursos de crédito. Este escenario es más probable que una “expulsión”, y aunque políticamente es diferente, para efectos económicos es equivalente.
 
Las cifras amañadas inducen a los agentes privados a que se tomen malas decisiones de negocio. Por ejemplo, al creerle a las cifras del Gobierno (y con ello subestimar la inflación que efectivamente padece Argentina), los empresarios aumentan los precios menos de lo que deberían, perdiendo con ello poder adquisitivo. Lo mismo pasa con los salarios, los arriendos, el gasto, la oferta, la demanda y lo más sensible para una población: la distorsión de los precios. En general, las decisiones económicas se toman con un nivel de incertidumbre grande, y la falta de buena información genera en cada transacción comercial ganadores y perdedores por razones distintas a la competitividad. Eso es un freno al desarrollo del sector privado.
 
Cuando la gente piensa que está haciendo negocios a ciegas, prefiere no hacerlos. En 2012, la economía pasó de crecer  7% a solo 2,2% según las cifras oficiales y solo 1% según las consultoras privadas. La inflación comenzó a ser un tema cada vez más candente.
 
“La razón por la que empezaron a falsificar las cifras es que pagaban menos intereses a los acreedores que compraron deuda ajustada a los cambios de la inflación”, explica el diputado argentino Federico Pinedo. “Ahora el problema es que este país probablemente ya no podrá tener una serie confiable de la evolución de la economía en el futuro. Porque va a haber un lapsus demasiado largo de cifras falsas”.
 
Este dramático caso nos deja una reflexión para los que manejan las cifras en Colombia: hasta dónde los continuos niveles de desempleo que presenta el Dane son creíbles? Cada vez que los medios de comunicación publican las disminuciones marginales, hay ciudadanos que no “comen cuento” y muestran otra realidad, que puede estar escondida dentro de la fórmula para calcular el empleo informal. Sin entrar en otras distorsiones que está generando el gobierno al subsidiar ciertas industrias, es prudente revisar que no estemos iniciando una nueva “mentira argentina” por estos lados del continente. Como dicen las señoras: aunque duela, a veces es mejor enfrentar la verdad y no aplazar o agrandar la mentira. No vayamos a copiar lo malo de los “gauchos”.
 
Ñapa: Es inaudito que desde más de un año antes de la primera vuelta de elección presidencial 2014, ya se estén “barajando” los nombres de los que podrían ser ministros del segundo periodo del presidente Santos. No es sano que ventilen nombres como Roy Barreras para Ministerio de Salud o Simón Gaviria, cuando ni siquiera el Presidente se ha lanzado a la campaña, y más importante, todavía no ha ganado. Si van a repartir al menos esperen al periodo de elecciones.
 
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