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La Fed “ajusta” a la baja

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Jorge Hernán Peláez

Por primera vez en más de 10 años, luego de la crisis financiera global de 2008, la Reserva Federal de EE.UU. (la Fed), anunció el miércoles pasado una esperada reducción de tasas de interés a corto plazo en 25 puntos básicos. De esta manera la tasa de referencia norteamericana pasa ahora al rango de 2,0% a 2,25% anual. La Fed recortó por última vez las tasas en diciembre de 2008, justo después de la explosión de la burbuja de los activos tóxicos. La crisis económica global que se desató obligó a los miembros de la junta de la Fed de la época, a reducir la tasa a cero, nivel en donde se mantuvo sin valor de referencia hasta años muy recientes.

En diciembre de 2015, las tasas de interés comenzaron a incrementarse gradualmente de nuevo con el objetivo de estimular la economía. Durante la primera mitad de 2019 las tasas se han mantenido congeladas en el rango de 2,25% a 2,50%. El problema de la decisión del miércoles fue más el discurso que lo acompañó, que la decisión en sí misma. El presidente de la Fed, Jerome Powell, fue ambiguo porque evidenció que quieren desmarcar la reducción de las peticiones insistentes del presidente Donald Trump de hacerlo. Los republicanos abiertamente están en campaña de reelección y quieren una economía fuerte para la época de votación del año próximo. Unas tasas bajas permitirán mostrar un mercado con acciones al alza y lo venderán en sus discursos de campaña como la recuperación americana prometida, sin ser una política sostenible en el mediano o largo plazo. Powell indicó que era realmente un “ajuste” y no un “recorte”, lo que pudo haber generado algo de confusión en los mercados, situación que se resolverá con algo de volatilidad en las próximas jornadas. Lo que tal vez más enfureció al mandatario es que la Fed justificó también la rebaja como un seguro necesario contra una eventual recesión y que a la vez busca estimular algo de inflación, con espacio para crecer en la coyuntura actual.

En términos generales, el dólar está cogiendo demasiada fuerza con respecto a las demás monedas emergentes de América Latina y Asia. Brasil, por ejemplo, también bajó las tasas de su economía esta misma semana a un 6%, mínimo histórico, mientras Colombia con el Banco de la República, debe estar más preocupado por los nuevos datos de desempleo y la reducción inminente de las proyecciones de crecimiento económico. No tenemos espacio para mover nuestra tasa, así que, por defecto, vendrá una etapa de final de año con dólar alto por encima de $3.250 sostenido.

Por otro lado, el discurso del nuevo Primer Ministro británico Boris Johnson, insistiendo tercamente en una salida “dura” de Europa, tiene a la libra esterlina frente a otras monedas en mínimos realmente preocupantes. Este efecto no es menor, pues puede minar la fuerza económica de toda Europa, por ejemplo, frente al crecimiento de China, que de paso recordemos es el mayor tenedor de bonos del tesoro estadounidense. En este ajedrez geoeconómico, si los británicos no cierran rápido un acuerdo comercial con EE.UU. o con la misma China, se atrasarán unos 20 años frente a los “duros” de Europa como Francia y Alemania. La sociedad actual no se puede dar el lujo de tener a una moneda que ha sido tan fuerte históricamente como la libra esterlina por el suelo. Tal vez estemos ante los primeros pasos de las nuevas criptomonedas, pero no puede ser a costa de la desvalorización de una economía que alguna vez fue un imperio monumental.

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