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Arroz chino agridulce

El multimillonario y filántropo George Soros, sorprendió al mundo el miércoles pasado en un evento empresarial en Nueva York, exponiendo una gran preocupación sobre la economía de China. Soros afirmó que la forma como ha crecido se debe a un alto nivel de apalancamiento y que le recuerda el ambiente que vivió Estados Unidos entre 2007 y 2008 justo antes de la crisis financiera de las hipotecas subprime. 

Recordemos que la crisis del sistema financiero norteamericano desencadenó una dolorosa recesión mundial, de la cual el planeta se demoró en recuperarse. No es la primera vez que Soros señala públicamente a los chinos y advierte de posibles peligros para la economía mundial. En el más reciente Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, dijo que apostaría sin ningún problema a irse corto en posiciones de acciones del mercado asiático, ya que prácticamente es una burbuja que va a estallar inevitablemente de alguna u otra manera. Las afirmaciones se basan en el detalle del aumento inusitado de los precios del mercado inmobiliario que en el último período superan una valorización anual de 60%. 

La deuda china total está por encima de los US$260.000 millones, lejos de los pronósticos que en su momento hicieron las bancas multilaterales y los organismos especializados. La estrategia del estado chino, al parecer, es la del crecimiento a toda costa, sin mirar bien si la gasolina que está utilizando para andar el motor es de buena o mala calidad. Esto quiere decir que se han identificado líneas de crédito con pocos niveles de garantía real, que están soportando a grandes compañías que de otra manera ya hubieran desaparecido. Nadie sabe que va a pasar cuando están compañías incumplan los pagos y el sector privado pueda entrar en default. 

El gobierno de ese país ha venido acusando a varios directivos de empresas de jugar o especular en el mercado con instrumentos financieros de alto riesgo y presentar proyecciones financieras de compañías no tan creíbles. Hay decenas de presidentes de compañías que han renunciado en este tenso ambiente, pero el problema para el mercado no para ahí. 

La Bolsa de Valores de Shanghái ha sufrido en los últimos dos años una serie de jornadas muy negativas con altísimas desvalorizaciones, todos síntomas de que podría estar desinflándose la burbuja económica creada. 

Uno de los grandes problemas estructurales de esa economía es que por años el estado chino no quiso devaluar su moneda. El proceso de devaluación y de dejar flotar la tasa de cambio es muy reciente. El Banco Popular de China debilitó su moneda 0,46% el pasado 14 de abril, para llegar a un dólar por 6,4891 yuanes. Este movimiento corresponde a la mayor devaluación de la moneda desde enero pasado. 

En el resto del planeta se intensificó el intercambio comercial de los productos industriales chinos con la creencia del costo unitario barato y eficiente. Sin tener en cuenta los temas laborales y ambientales, el costo siempre es relativo a la tasa de cambio, y si nunca hubo devaluación, el costo se medía de una forma irreal. 

Lo curioso, a diferencia de otros países occidentales, es que el alto nivel de endeudamiento de los chinos viene del sector privado, pero el sector público parece estar blindado. No hay un gran nivel de deuda del estado, pero la burbuja privada ha sido identificada por varios analistas financieros internacionales que sugieren que una cosa es el crecimiento económico espectacular, y otra bien diferente la fórmula riesgosa de obtenerlo.  

Muchas compañías multinacionales, estados y fondos internacionales dependen de China. La advertencia de Soros debe ser tenida en cuenta así el gobierno chino desestime al magnate y lo acuse de ser un especulador más en el mercado que está apostando por un pronto fracaso asiático. Si llega a estallar la burbuja la economía del mundo volvería a los momentos difíciles de finales de la década pasada con una nueva recesión. Nadie quiere probar ese arroz chino agridulce.