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Analistas 30/09/2021

En la ruta 5G

Jorge Fernando Negrete P.
Presidente de Digital Policy & Law

5G es un destino. Apenas el comienzo del viaje y las preguntas se suceden en esta larga jornada. ¿Qué sucede con el mundo en esta materia? ¿Qué acciones toman los gobiernos? ¿Por qué? ¿En qué consiste esta tecnología? ¿Cuáles son los nuevos actores de este ecosistema?

El mundo ha tomado en serio el reto civilizatorio de integrarse al mundo de la quinta generación de tecnología móvil, pero sus prioridades son distintas. Asia, liderada por Corea del Sur, China y Japón; Europa por los países nórdicos, Alemania, Francia, Reino Unido y España; En Medio oriente con Arabia Saudita y Estados Unidos, con una industria consolidada en tres poderosos operadores T-mobile, Verizon y AT&T, despliega masivas cantidades de infraestructura, fibra óptica, radiobases, torres y ahora épicas cantidades de espectro radioeléctrico. Jamás se había licitado y adjudicado tal cantidad de espectro en la historia.

Para que nazca 5G y sus beneficios hace falta el despliegue de la infraestructura más robusta del que se tenga memoria. La nueva arquitectura tecnológica 5G colapsa las fronteras entre las telecomunicaciones y las Tecnologías de la Información y la Comunicación. 5G no es sólo tecnología móvil. Para liberar más ancho de banda, mejor gestión de datos, más conexiones y nueva tecnología como Internet de las Cosas, Big data e Inteligencia Artificial, se apoya en los recursos de la Nube y todo es absolutamente digital. Para garantizar mejor latencia y gestión de datos nace Edge Computing o computo al borde y para llevar la conectividad a fabricas o parques industriales se apoya en Wi-Fi6. Nunca en la historia, las empresas de tecnología habían estado tan integradas y dependientes unas de otras: IBM, Lenovo, Oracle, Microsoft, Intel, Qualcomm, Mediatec, Nec, Nokia, Ericsson, Cisco, Huawei, Samsung. La compleja arquitectura tecnológica se apoya del cómputo y una nueva generación de procesadores y dispositivos móviles que, en suma, construyen una red inteligente que se parte en rebanadas liberando un poder de transformación digital poderoso para el ciudadano, empresas y gobierno.

El presidente Biden presentó un disruptivo programa de infraestructura que busca generar empleos de calidad y mejor pagados. Sigue apostando por 5G y conectará a 20 millones de norteamericanos no conectados, con US$100.000 millones. El Senado estadounidenses impulsará la producción de semiconductores y el desarrollo de Inteligencia Artificial, frente a la creciente competencia internacional. Serán US$50.000 millones para empezar, pero llegará a US$250.000 millones los próximos 5 años. Sin duda, la mayor inversión en investigación científica y tecnológica en décadas.

El Banco Interamericano de Desarrollo, la CAF, la Ocde, el Banco Mundial y la Cepal han coincidido en que las empresas y ciudadanos conectados mantuvieron vivas sus empresas y al terminar la actual crisis global, serán los conectados quienes serán mas competitivos y resilientes ante situaciones catastróficas.

Esa es la dimensión económica, pero la Internet y los servicios de telecomunicaciones, junto con su infraestructura, habilitan el ejercicio de los derechos humanos: salud, educación, movilidad, seguridad, libertad de expresión, derecho a la información, acceso a la información pública y fortalecen con ello las instituciones democráticas del Estado. El Estado digital preserva el ejercicio de esos derechos. Ninguna política pública, acción de gobierno o del Estado tiene la capacidad de generar tan amplia como inmediata igualdad económica y jurídica entre ciudadanos.

Nace una nueva sociedad digital, prometedora de cambios disruptivos y bienestar digital, apretada en un decadente y atávico orden jurídico industrial y agrícola.

Decía Octavio Paz que “democracia sin libertad es despotismo, sin democracia la libertad es una quimera”. Yo digo que sin Estado digital no existe ni Estado, ni república, ni democracia y justicia.