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Analistas 31/10/2023

Colombia y sus reglas fiscales: balanceando responsabilidades

Jorge Enrique Sáenz Castro
Profesor en la Escuela Superior de Administración Pública (Esap)

En días pasados, cuando el director de Planeación Nacional, Jorge Iván González, propuso avanzar hacia una regla fiscal verde, que combine la regla fiscal actual con instrumentos de origen ambiental, hubo diversas voces de protesta y preocupación. Sin embargo, lo curioso es que muchos de los críticos no especificaron qué tipo de regla fiscal se vería afectada, ni tampoco reflexionaron sobre su propia responsabilidad en el cumplimiento de la regla fiscal.

Esta situación nos lleva a la sugerencia de que el debate debe continuar y que es esencial identificar a los actores principales en la regla fiscal y sus respectivas responsabilidades. En primer lugar, es importante aclarar que no se trata solo de una regla fiscal, sino de cuatro tipos de reglas fiscales: de balance, de deuda, de gasto y de ingreso. A nivel global, 105 países cuentan con algún tipo de regla fiscal, siendo 93 de ellos de tipo balance, 85 de tipo deuda, 56 de tipo gasto y 17 de tipo ingreso.

En el caso de Colombia, predominan las reglas de balance, de deuda y de gasto. Todas ellas son susceptibles de sobrepasar los límites establecidos en la Ley 1473 de 2011, aunque es importante considerar que múltiples factores influyen en su dinámica. No obstante, es crucial identificar a los actores principales que explican esta dinámica y establecer acciones y responsabilidades claras.

En la regla de balance, que se reduce a la diferencia entre ingresos y gastos, el gobierno central desempeña un papel crucial y lleva una gran responsabilidad en el manejo adecuado de las finanzas públicas. Sin embargo, no se debe pasar por alto la responsabilidad de las entidades territoriales (gobernadores y alcaldes), así como de las familias y empresarios que deben pagar impuestos con rectitud y responsabilidad.

En cuanto a la regla de gasto, la responsabilidad principal y absoluta recae en el gobierno, que debe enfocar el gasto en las poblaciones que realmente lo necesitan y ejecutar el presupuesto de manera transparente, sin corrupción. No obstante, todos los colombianos también tienen la responsabilidad de elegir líderes honestos y capaces que aseguren que el gasto público se realice con calidad y sin clientelismo.

La regla de deuda es particularmente relevante para muchos sectores de la sociedad, ya que es muy observada por las calificadoras de riesgo y afecta las decisiones de diversos agentes económicos. Para garantizar su cumplimiento, es esencial identificar a los dos actores más importantes y responsables.

La regla de deuda en Colombia se basa en la relación entre la deuda y el Producto Interno Bruto (PIB). Esta relación es crucial para evaluar la sostenibilidad de la deuda del país y su capacidad para cumplir con sus obligaciones financieras. Según la Ley 1473 de 2011, el límite de deuda (conocido como “fatiga fiscal”) equivale a 71% del PIB, mientras que el ancla de deuda (o “ancla fiscal”) es igual a 55% del PIB.

El concepto de ancla fiscal se refiere al nivel prudente de deuda neta, que se establece con el propósito de mantener la regla de deuda en un nivel específico, dentro de un rango determinado. La fatiga fiscal se manifiesta cuando el balance primario de un gobierno ya no puede responder adecuadamente al crecimiento sostenido del endeudamiento.

Si la regla de deuda se aleja significativamente del ancla fiscal y se acerca a la fatiga fiscal, surgen preocupaciones sobre la sostenibilidad fiscal y la capacidad del gobierno para gestionar su deuda. Esta situación puede indicar un desequilibrio que requiere una revisión de la política fiscal y financiera para garantizar la estabilidad económica y fiscal del país.

La dinámica de la regla de deuda depende de cómo cambian tanto la deuda como el PIB con el tiempo. Si la deuda aumenta rápidamente, la regla de deuda también lo hace, lo que podría señalar problemas fiscales. Por otro lado, si el PIB crece más rápido que la deuda o no aumenta, la regla de deuda disminuirá, lo que indica una mejora en la situación fiscal.

Es esencial examinar la evolución de la regla de deuda en el período entre 2015 y 2022, ya que esta dinámica arroja luz sobre la vulnerabilidad de la regla de deuda y sus consecuencias para la estabilidad económica. Durante este lapso, se evidenció una marcada discrepancia entre la trayectoria de la deuda y la del PIB. La deuda experimentó un crecimiento anual significativo, con una tasa de 14,35%, mientras que el crecimiento del PIB fue más moderado, con una tasa de 8,9%. Esta discrepancia resultó en un aumento constante de la regla de deuda a lo largo de estos años, partiendo de 42,4% en 2015 y alcanzando 59,67% en 2022. En 2020, la regla de deuda alcanzó su punto máximo en el 62%, aunque disminuyó a 60,73% al año siguiente debido, en parte, al aumento de la inflación.

Estos datos subrayan la vulnerabilidad de la regla de deuda frente a la dinámica de la deuda pública y el PIB, planteando un dilema económico complejo. Existe un “trade-off” entre la necesidad de gastar para estimular el crecimiento del PIB y mejorar el denominador (PIB) para reducir la regla de deuda, o la necesidad de restringir el gasto para mejorar el numerador (deuda) y evitar déficits fiscales y un aumento de la deuda pública.

En este contexto, surge una pregunta crucial: ¿Cómo se puede lograr un equilibrio justo en la regla de deuda, manteniéndola cerca del ancla fiscal sin caer en la fatiga fiscal? La respuesta implica una responsabilidad compartida entre el gobierno y el Banco de la República. El Banco de la República, a través de su Junta Directiva, debe coordinar las políticas cambiarias, monetarias y crediticias con la política fiscal, salarial y de empleo a cargo del Gobierno Nacional, siguiendo lo establecido en la Sentencia C-481 de 1999.

El Gobierno tiene la obligación de equilibrar sus políticas fiscales para estimular el crecimiento económico sin incurrir en gastos excesivos. Debe buscar una regla de deuda óptima que se mantenga en un rango equilibrado entre el ancla fiscal y la fatiga fiscal, evitando así el endeudamiento excesivo y garantizando la sostenibilidad fiscal. El Banco de la República, por su parte, debe ajustar las tasas de interés para influir en el PIB y mantener una inflación controlada, lo que a su vez afecta el denominador (PIB) en la ecuación de la regla de deuda.

Este equilibrio entre políticas fiscales y monetarias es fundamental para mantener una regla de deuda sostenible y estable. Evita desviaciones significativas de los límites establecidos en la regla fiscal y asegura que la economía colombiana pueda mantener un nivel de deuda que no represente una amenaza para su estabilidad financiera y fiscal.

A manera de colofón, es esencial comprender que el compromiso de mantener una regla fiscal no es tarea exclusiva del gobierno. La responsabilidad recae también en el Banco de la República, los alcaldes, los gobernadores, los empresarios y todos los colombianos. La colaboración y coordinación efectiva entre estos actores son cruciales para garantizar una política fiscal sólida y sostenible que beneficie a la economía del país. Además, es necesario continuar el debate sobre las reglas fiscales y su evolución en el contexto actual, considerando las necesidades ambientales y económicas en conjunto.

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