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Privacidad: última víctima del terrorismo

En 2015, luego de que el presidente de los Estados Unidos anunciara su intención de no empujar una legislación que obligaría a las empresas de tecnología a abrir la posibilidad de descifrar las comunicaciones privadas en los teléfonos inteligentes y sistemas de mensajería instantánea, todo indicaba que las relaciones entre el gobierno americano y la comunidad tecnológica habían mejorado. El tema sufrió un vuelco de 180 grados el pasado 9 de Febrero, cuando el mismo Comey dijo en el Senado que el FBI no podía desbloquear la información almacenada en la red de Apple conocida como “iCloud”, perteneciente a un teléfono que utilizaba Syed Rizwan Farook, principal sospechoso en el tiroteo en San Bernardino, California donde fueron asesinadas 12 personas. Antes del atentado, los supuestos terroristas destruyeron todos sus dispositivos electrónicos para borrar sus huellas. 

El Almirante Michael Rogers, director de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés), echó mas leña al fuego al afirmar que los atacantes islamistas que asesinaron a 130 personas en París en noviembre pasado no hubieran tenido éxito si las agencias de seguridad hubiesen podido penetrar sus comunicaciones encriptadas.

Esta nueva ola de argumentos ha generado que las relaciones entre el gobierno y la firma Apple estén llegando al nivel de ebullición de manera acelerada. Tim Cook, el CEO de Apple, hace unos días se pronunció sobre esta materia mediante una carta a sus clientes y al gobierno donde llamó a una “discusión pública” sobre el tema, aclarando que se solidariza con las víctimas del ataque, pero expresando su preocupación por las implicaciones que podría tener este caso en cuestión del respeto a la privacidad de la información de los ciudadanos del común.

Apple tradicionalmente ha sido un estandarte de la privacidad y la confidencialidad, no solo con respecto a la información de lanzamiento de productos, su estrategia empresarial e incluso en la forma en que los desarrolladores de aplicaciones para sus dispositivos manejan la experiencia de la que Apple dota a sus consumidores, así como la seguridad de los mismos. Es por esto que el argumento de Cook resuena con muchos defensores de la privacidad, al decir que la creación de una forma para acceder a los datos de los teléfonos móviles, sembraría duda en los usuarios de que algo similar pueda ser replicado por hackers o el mismo gobierno sin que se siguen los debidos procesos que la ley exige. Para Apple, el simple hecho de que exista una forma de descifrar la información privada de los usuarios, abre la posibilidad de que ese método pueda caer en malas manos.

El resto de la industria, incluso competidores acérrimos de Apple como Google y Microsoft, interesados en mantener su reputación sobre la protección de la privacidad se han unido para oponerse a la solicitud de las agencias de seguridad. A parte del dilema ético de darle mas peso al bien común por encima de la protección de los derechos individuales, la molestia y desconfianza que muestran las compañías de tecnología se debe a la percepción de que el gobierno americano es alguien que ha probado ser extraordinariamente negligente en el uso de este tipo de procesos anteriormente. El mayor temor de los usuarios al saber que existe un mecanismo para descifrar su información o sus comunicaciones es sentir que esa “puerta trasera” puede convertirse en un salvoconducto para que sean espiados sin ningún tipo de garantías.

Otras voces en la comunidad tecnológica ven las cosas desde un ángulo diferente y decididamente apoyan al FBI. Para ellos, las leyes actuales protegen al ciudadano y el hecho de estas requieren que las autoridades tengan una orden judicial para permitirles el acceso a la información privada, es un mecanismo mas que suficiente para proteger a los ciudadanos inocentes. Amanecerá y veremos cómo se soluciona este impasse que fácilmente puede terminar en manos de la Corte Suprema de Justicia, proceso que se sabe llevar varios años.