Analistas

Nos escuchan: la nueva realidad

En días pasados, el homicidio de Victor Collins, cuyo cadáver fue encontrado mientras flotaba bocarriba en la bañera de la casa de un amigo en Bentonville, a unos 240 kilómetros al noroeste de la ciudad de Little Rock en los Estados Unidos, sorpresivamente, trascendió las fronteras del estado de Arkansas y se convirtió en una noticia en los medios tecnológicos. Otra vez, así como sucedió en la investigación de la masacre de San Bernardino, las autoridades en su deseo de resolver el caso de manera satisfactoria, han decidido ampliar la pesquisa e incluir la evidencia almacenada en un dispositivo electrónico de propiedad del sospechoso. 

A diferencia del caso de San Bernardino, en el cual, las autoridades infructuosamente trataron de obtener acceso al teléfono móvil del supuesto terrorista, los fiscales a cargo de la investigación del homicidio del señor Collins, han solicitado a la Corte que obligue a Amazon a proveer cualquier grabación de audio, transcripciones de voces, grabaciones de texto y demás información que el altavoz inteligente “Echo” haya almacenado de manera local o en la “nube”, durante la noche del 22 de noviembre de 2015, cuando Collins al parecer fue estrangulado y ahogado. El dispositivo es un altavoz con micrófonos conectados a internet, que salió al mercado en 2014. Su funcionamiento es similar al de los asistentes de voz de los teléfonos móviles como “Siri” y “Cortana”, los cuales escuchan la voz del usuario y responden a comandos específicos como tocar música, leer titulares de noticias, agregar una fecha importante a un calendario, o controlar otros dispositivos en el hogar. 

El potencial problema que presentan este tipo de servicios que tienen acceso al micrófono de nuestros dispositivos, se relaciona con la capacidad que tienen de activarlo para recolectar nuestra voz o los sonidos que nos rodean sin que nos enteremos. En febrero de 2015, fue noticia el descubrimiento de que ciertos televisores de Samsung que tenían el reconocimiento de voz habilitado, escuchaban el sonido a su alrededor y que esta información se transmitía a sus servidores para ser potencialmente analizado en el futuro. Aunque las empresas detrás de estos productos, publican sus políticas de privacidad y nos prometen que la recolección de datos, si la hay, se hace de manera anónima y que son usados simplemente para mejorar el servicio, la opción de que se usen de otra manera siempre existe. 

El caso sirve como elemento de reflexión con respecto al tema de cómo de manera cada vez más frecuente los usuarios de la tecnología moderna, estamos dejando de un lado la preocupación por nuestra privacidad y el manejo de nuestra información personal, a cambio de la conveniencia y los servicios que estas plataformas nos ofrecen. Hace unos años, la idea de que una página web nos reconociese o recordase nuestras preferencias nos parecía una indiscreción, aunque fuera algo que pudiera resultar cómodo para muchas cosas. Hoy en día, encontrarnos con publicidad personalizada cada vez que hacemos una búsqueda en Google, Bing o Yahoo, o que consultamos Facebook o Instagram, pareciera formar parte de lo habitual. 

En realidad, cada vez que visitamos una página de internet o consultamos una red social en un computador o un teléfono móvil, estamos entregando información valiosa sobre nuestras preferencias, gustos e incluso localización a cambio de la información que obtenemos. En el caso de la voz, no es claro hoy en día que tanta información está siendo capturada por medio de los micrófonos de nuestros dispositivos móviles, para luego ser almacenada, procesada y utilizada por compañías como Apple, Google, Facebook o Amazon. No sería descabellado pensar que en esos interminables documentos de términos y condiciones que aceptamos a diario sin leer, en repetidas ocasiones estemos dando autorización a estas compañías a utilizar detalles sobre nuestra actividad en línea, datos personales como nuestro nombre y ubicación, los cuales no tenemos forma de controlar dónde pueden terminar.